Como fragmentos sueltos
de un viejo poema, los pequeños momentos tienen, a veces, el aire desorientado
e impreciso de una luz mortecina.
Pequeños instantes que, como
sencillos trozos de vida, pasan por nuestro lado rozándonos la piel, y se
quedan en nuestra memoria como se queda una sonrisa pintada en el espejo.
Pequeños momentos que, como
la timidez de una fina lluvia, esparcen chispas de claridad indefinida que
terminan formando la rítmica partitura de un antiguo mosaico inacabado, y nos
muestran la vida rincón a rincón, misterio a misterio, latido a latido.

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