miércoles, 29 de junio de 2011

LA ESPERA

 

 Siempre está ahí,
siempre lo espera.
Tras los cristales,
muda, quieta,
lanza el vaho
de un ahogado grito
de soledad,
y escribe palabras
sin sentido.
Fantasma inerte
de un ser perdido.
Pupilas dilatadas.
Semejante estático.
Pensamiento translúcido.
Y siempre está ahí,
siempre lo espera.
Dicen, que nunca duerme.
Impasible en su locura,
detrás de los cristales,
espera aquel amante
que sólo vive en su mente.

NUNCA MÁS...

 

Nunca más volveré a alejarme de esta casa, ni de este bello paraje en el corazón de esta comarca; aquí las hojas tienen un verde intenso... un esmeralda fuerte mecido por un aire tan puro, que al respirarlo sientes como el espíritu se ensancha y crece. En primavera, el primer sol calienta con hilos de oro las ramas de los alisos y en otoño, hojas de color fuego hacen sombra al musgo y a la seta nacida del hongo.
Cada mañana entraré a la cocina de mis padres para ver como preparan la comida para sus huéspedes, y con la luz violeta del atardecer, me acercaré hasta el pueblo para observar como salen de la escuela, con una rosa en cada mejilla, mis antiguos alumnos.
Intentaré olvidar el horror que vivimos mi amiga y yo cuando el verano pasado fuimos al Pirineo francés haciendo autoestop. Nuestros padres intentaron convencernos de que viajar con desconocidos era peligroso, que sería mas seguro pagarnos el transporte; pero nuestra juventud desconocía aún las manos sucias del mundo, y rechazamos todos sus consejos...
No recuerdo exactamente el semblante de aquellos hombres que, con fingida amabilidad, detuvieron el coche y nos invitaron a subir; tampoco recuerdo sus voces... pero sí tengo muy grabada en el corazón, la brutalidad con que nos arrastraron hasta adentrarnos en aquel bosque en donde hervía la noche con costras malignas, como nos golpearon salvajemente, y como afilaron los “colmillos” para rasgar nuestras pieles. En pocos minutos, cortinas de sangre tiñeron de rojo la hierba... un grupo de pájaros levantaron el vuelo asustados, y todas las copas de los árboles bajaron la cabeza avergonzadas de tanta vileza... Nadie oyó nuestros gritos pidiendo ayuda. Aquellas bestias humanas, nos saquearon la juventud sin hacer caso de nuestros ruegos; imploramos inútilmente misericordia, a unos seres insensibles para los que sólo éramos carne...
Ya nunca más, volveré a alejarme de estos campos que despliegan sus tonalidades verdes para que pasten los rebaños, ni de estos volcanes que viven dentro de antiguas cavernas pero yacen dormidos para no hacernos daño.
Y aunque ya nadie pueda verme… ni tampoco pueda escucharme, viviré aquí siempre, en el corazón de todos aquellos que me han querido...

………… 
Este relato está inspirado en un hecho real.

viernes, 24 de junio de 2011

VIA JUDICIAL


Mi superior -un hombre rechoncho y con gafas- me mostraba, en una habitación lóbrega y mal ventilada, el propósito de mi trabajo: archivar en solitario las interminables torres de papeles polvorientos que se agolpaban sobre las mesas y en los armarios. En ese instante me pregunté dos cosas: si había valido la pena estudiar tanto para despues convertirme en un funcionario de la Administración de Justicia, y si con el tiempo acabaría transformándome en un ser monótono y deprimente como el que tenía delante. Ajeno a mis pensamientos, el hombre acabó de hablar, se despidió de manera tosca y salió de la habitación lanzando un fuerte portazo.
En la soledad, miré a mi alrededor desorientado, perdido entre montañas de papeles. Empecé a revisar el montón más cercano, formado  por decenas y decenas de causas para ajusticiar. Enseguida me di cuenta, consternado, que aunque viviera tres vidas nunca podría terminar de tramitar todos aquellos papeles que había en la habitación. Reparé que dentro del desbarajuste del papeleo había un cierto orden, por eso -movido por una sana curiosidad-, empecé a investigar desde cuando se habían ido acumulando todos aquellos informes en esa habitación. Mientras revolvía documentos sepultados por la polvareda y los ácaros, iba observando sorprendido como las fechas y la descomposición del papel ganaban en antigüedad, pero cuando verdaderamente me quedé de piedra, fue cuando encontré unos documentos traspapelados, que si hubieran salido a la luz, seguro que hubieran evitado que Jesucristo hubiera sido crucificado.

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Dedicado a Pablo con cariño :) Besos.

jueves, 23 de junio de 2011

“L’EQUIP PETIT” DEL MARGATÀNIA

 

Hoy quiero dejaros este excelente y tierno documental. Una bonita historia de las que  emocionan y  hacen que realmente nos preguntemos en qué momento de la vida perdimos la inocencia, en que momento dejamos de comportarnos como ilusionados niños para ser estúpidamente adultos.
Para estos pequeños protagonistas el ganar es importante, pero no es lo único importante. A veces, basta con marcar un gol o simplemente tener oportunidad para marcarlo. Se puede perder un partido e incluso poder perder todos los partidos por goleada pero nunca se puede perder la ilusión y la diversión por el juego.
Éste es el ejemplo que nos dan los niños y niñas del Margatània, un equipo prebenjamín de Vilanova i la Geltrú que este año ha finalizado la temporada con 271 goles en contra y solo uno a favor. Lo marcaron en el último partido del año, y los sentimientos que experimentaron no fueron muy distintos a los que vivió Abidal levantando el trofeo de la Champions League en Wembley.

Gracias Cristina, Roger y Dani, por vuestro excelente trabajo.

domingo, 19 de junio de 2011

HEMOS MUERTO TANTAS VECES...


No es lluvia líquida lo que cae del cielo
en la mañana más inocente y límpida,
ni es la brisa sobre el rostro dormido
de un peatón ensimismado y solitario,
o sobre una familia cualquiera,
en cualquier lugar, lejano o próximo,
a la hora de la sentencia exacta,
cuando pasa un grupo de niños o jóvenes,
cuando la vida fluye en la calle.
No es lluvia líquida lo que cae del cielo
dejando una estela quemada y negra
bajo el sol más claro y el día sin sombras.
Sobrevuela el miedo de los imperios,
un fuego a traición, un humo denso,
más bombas, más llantos,
una polvorienta y grisácea quietud
y un sepulcral silencio.

Queda un zapato sobre el asfalto,  polvo.
Y tú y yo, hemos muerto tantas veces...   


sábado, 18 de junio de 2011

¡POR LO MENOS, ESTA NOCHE!

 

No me digas
¡No!
No me lo digas...
Déjame
sólo
el espacio
escaso, justo,
que me acoja
el cuerpo fatigado,
que ahuyente
la solemnidad
de los hechos
y abra la puerta
a palabras diferentes...
¡Por lo menos, esta noche!

No me digas
¡Nunca!
No te niegues...
Permíteme
sólo
la esperanza
ingenua, leve,
que me acune
el corazón asustado,
que recoja
los miedos
de debajo de la cama
y los archive
tolerando quimeras
y ansias nuevas...
¡Por lo menos, esta noche!

No me digas
¡Adiós!
No lo hagas...
Envíame
sólo
un suspiro
ligero, breve,
que me refresque
la frente cansada,
que asuste
las sombras
de la almohada
y deje un rastro
de aires nuevos,
de sueños posibles
y dolores acotados...
¡Por lo menos, esta noche!

martes, 14 de junio de 2011

LLUVIA




En un cántico lánguido, o en un llanto,
manas desnuda, infantada del cielo,
del todo desprendida,
desnuda, foránea a las leyes de los hombres.
Nunca nada te estorba
-Ni siquiera la piel
te sujeta, te contiene, te domina-
ni nada te ata;
y toda despellejada te cuelas,
te vacías, goteas, te derramas...,
avanzas y llegas íntegra,
disuelta y pura.


Al fin,
gota a gota te vacías en un charco de agua,
te inundas en ti misma,
te evaporas, te elevas,
resucitas, renaces…
y vuelves a manar
en llanto y cántico.

lunes, 13 de junio de 2011

------ HOY -------


Hoy prefiero no escribir;
me tiene enamorada este silencio adornado con flores
y me deleito embobada con la simiente,
que con un verde intenso,
rompe con fuerza la costra de la tierra.

Hoy solo quiero llenarme los ojos:
de campos de avena con amapolas que se asoman,
de amarillo de la retama
y de rojo de la cereza fresca por el rocío.

Hoy prefiero no perderme el perfume de la rosa,
ni el aroma del ribazo lleno de  tomillo e hinojo
después de una lluvia de verano,
ni el sol cuando vuelve a salir destilando colores 
en las gotas que se escurren colándose.

Hoy prefiero caminar por los charcos
hundiendo los pies en el barro  
y sentir como absorben  la fuerza de esta tierra
que me embriaga de  placenteras sensaciones.

¿Qué puedo perder? Si esto es la vida.

miércoles, 1 de junio de 2011

LA TRANSFORMACIÓN


Cuando, una mañana, Paul G. despertó de unos sueños inquietos, se encontró sobre la cama transformado en un ser monstruoso. El primer impulso fue devorar a su mujer: después de una vida de desengaños y peleas no convenía desaprovechar las garras que sobresalían de las puntas de sus dedos, ni aquellos colmillos afiladísimos que rasgaban  la carne con la eficiencia del cuchillo de un carnicero. De la mujer sólo quedaron los huesos más resistentes y un charco de un rojo oscuro que la alfombra apenas podía absorber. De postre no se pudo estar de tragarse de un bocado el ridículo caniche blanco, una mascota que siempre le había fastidiado.
Aún con la cola de la bestia a medio masticar, salió a visitar la vecina del rellano para aclarar viejos litigios. Si llamó al timbre fue por la convicción de que no se debe perder la compostura, incluso bajo la apariencia de monstruo. Pero por el movimiento furtivo de la mirilla adivinó que no le abrirían la puerta, así que tuvo que reventarla. La mujer llevaba el pelo repleto de rulos y pinzas. Que profiriera unos alaridos ensordecedores sólo espoleó a cumplir el trabajo con más eficacia. Pensó en esconder el cuerpo chimenea arriba, siguiendo el ejemplo ilustre de un clásico de la literatura, pero no lo logró. En la planta baja, de un mordisco se llevó la carótida de la malcarada portera: ¡ya no lo importunaría más con quejas y malas palabras!
No sin dificultad, se metió dentro del coche. De camino a la oficina decidió que aquel sería un día inolvidable: se enfrentaría al director de ventas y le haría pagar las humillaciones y escarnios sufridos durante tantos años. Se imaginaba como le arrancaría la cabeza y le daría multitud de furiosas patadas en el estómago. Pero quizá sería más conveniente deshacerse primero del 
impertinente conserje  y de alguno de sus compañeros fanfarrones.
Llegó al despacho puntual, como cada mañana. Acababa de conectar el ordenador cuando su secretaria le pasó la primera llamada: "Su esposa al teléfono, señor.".

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Llevo dos entradas plasmando, en mis microrelatos, una especie de humor ácido e irónico;
un humor negro con el que intento apaciguar esta rabia o enojo que sobrellevo desde hace unos días.
Si fuera tan sencillo acabar con lo que no nos gusta,
con todo lo que nos hace la vida imposible...
Ains!! - Saludos