Los días se hacían larguísimos. El verano se había “encharcado” y ella
observaba con desesperación las horas quietas. El chirrido arrastrado de una
garza, el sonido persistente y continuo del viento o el rac-rac de una cigarra,
añadían más vacío en su corazón. Solo quería huir de un padre que -pobre- desde
la muerte de su madre bebía demasiado; huir de los recuerdos, la soledad. Tuvo
suerte que la aceptaran para vendimiar. Trabajar,
olvidar. En su primer día de trabajo, el campesino ceñudo le dio las tijeras
con desdén, sin decir nada, sin mirarla. Ada es muy joven y el trabajo, muy duro.
18 de
agosto
Un jardín
es un pedazo de naturaleza domesticada.
Si miro a mí
alrededor, en todo encuentro belleza. Las ramas de los sauces danzan al unísono y, con las
puntas de los dedos, acarician el agua de la balsa. Los pájaros cantan alegres
antes de alzar el vuelo, libres. Las flores de magnolia se abren como manos
blancas esparciendo delicados aromas de vainilla y limón. Al atardecer, riego
descalza el jardín. Con la manguera hacia el cielo hago descender cortinas de
agua fresca sobre el follaje verde; llueve también para mí. En cambio, si
observo al detalle, descubro diminutos seres entre las hebras de césped que se
mueven inquietos entre senderos minúsculos. Hoy he descubierto unos como
puntitos anaranjados, ¡peludos! Y si soplo suavemente, corretean histéricos huyendo
del huracán “Ada”.
19 de
agosto
¡Qué magia
el campo, por la mañana! El amanecer recorta contornos y, poco a poco, el fertil viñedo va despuntando con nitidez. Entre los pámpanos contemplo al campesino, amo
de aquella tierra que conoce como la palma de su mano. Como si bailara, abraza
la vid y la deja vacía con destreza, tomando cada racimo como si sopesara un
pecho generoso. Yo sé que me mira de reojo y me interroga con la mirada; heredero
de decepciones, austeridades e inclemencias. Pero ignora que yo solo quiero agotarme
como un animal de carga, llegar a la casa huérfana y saborear la fatiga. Descalzarme,
lloviznar el jardín, y por fin, escribir en mi diario y regar la vida sublimándola
para no enloquecer, para sentirme mejor.
20 de
agosto
(...)

2 comentarios:
Ahhh, bucolica naturaleza que acoge en su seno como una madre... El hombre siempre se ha buscado a sí mismo en la naturaleza, como si aceptara la contradiccion que supone rehuir de su civismo autoimpuesto y artificial, porque en el fondo no somos mas que animales instintivos, salvajes y asustados, que buscamos a nuestra madre para que nos consuele en la oscuridad...
Hola Narry. Has percibido en el texto el consuelo, equilibrio y sosiego que ofrece el entorno natural a la protagonista, como una buena madre. Me gusta tu comentario. Besos.
Publicar un comentario