jueves, 19 de mayo de 2011

“CREC-CREC-CATACREC”...

 

Los gemelos eran unos auténticos traviesos de ocho años, pero ahora iban silenciosamente agarrados de la mano de su madre, uno a cada lado.
Esperaron el autobús sin decir nada. Se miraban a la madre de reojo, para comprobar si el color rojo de sus mejillas ya no era tan intenso. Ella también callaba; pero mientras el ardor en el rostro le iba desapareciendo, una oculta sonrisa se iba apoderando de su voluntad. Cuando se percató por el rabillo del ojo, las miradas furtivas de sus hijos, le costó  no abandonarse a la más desenfrenada pasión de risa.
Subieron al 17, primero ellos, la madre justo detrás. Ni siquiera se pelearon para marcar los billetes. Los dos chiquillos se sentaron juntos, y ella se quedó de pie, a su vera, evitando mirarlos cara a cara. Las ganas de reír eran cada vez más intensas.
Aprovechó los 10 minutos de recorrido para recordar lo que acababa de pasar.
Aquel sábado había decidido ir a un concesionario, para comprar un coche nuevo. Hizo chocolate para los gemelos, que se levantaron contentos y traviesos, como siempre.
-¿Qué haremos hoy, mama? -Gritó Pablo, con los bigotes sucios de chocolate.
-¡Hoy, fiesta, niños! ¡Vamos a comprar un coche nuevo! - Dijo la madre.
-¡Ostras mama, compramos un Ferrari; porfa, de color rojo! -Dijo Andrés, secándose los dedos con una servilleta.
El Ferrari no era una opción, desgraciadamente, y Rosa decidió visitar un par de concesionarios de marcas nacionales, que se ajustarían mejor a su presupuesto.
Cerca de la una del mediodía, entraron a la casa Fugot, para ver si el modelo Classic F1 (el nombre gustaba mucho a los chicos) le podía gustar.
Los atendió un atractivo comercial. Tenía una sonrisa luminosa, y explotaba su sex-appeal con una exagerada verborrea con la que se centró en seducir a Rosa y endosarle uno de los automóviles de su prestigiosa marca.
Rosa, muy atenta al juego de seducción del vendedor, se distrajo de los gemelos durante unos instantes, que ellos aprovecharon para subirse a lo alto del coche más impresionante que lucía, brillante, ante el gran escaparate. Era el robusto Fugot Big Cross XCD423, un milagro de la tecnología.
-¡Bajaros inmediatamente de ahí!-Gritó Rosa asustada.
-No se preocupe-dijo el vendedor. -Las llaves no están dentro, y no pueden hacerse ningún daño.
-¿Seguro? No me gustaría que rompieran algo.
-Deje, deje, es un coche a prueba de chiquillos -dijo él, haciendo un guiño a los niños-. Mientras ellos se entretienen, déjeme que le enseñe el Classic F1. Como puede ver, su interior está especialmente diseñado para.... bla, bla, bla....
Cuando llevaba minuto y medio hablando sin parar de las maravillas del Classic F1, un leve pero sospechoso "crac" les hizo girar la cabeza en redondo.
Los gemelos, jugando a ser pilotos de Formula 1, habían soltado el freno de mano del Fugot Big Cross XCD423, y este fue deslizándose suavemente hasta tocar el cristal del escaparate.

Rosa, roja como un pimiento, y el vendedor, con la sonrisa congelada en la boca, vieron impertérritos como el cristal fue agrietandose poco a poco desde el lugar del pequeño y casi imperceptible impacto del coche hasta arriba de todo: primero verticalmente, y después ramificándose horizontalmente en un suave y dulce “crec-crec-catacrec”...
Ahora, una vez pasada la vergüenza del acto vandálico (e involuntario) de los niños, y convencida de que una aseguradora se haría cargo de la rotura, Rosa no pudo aguantar más y estalló en carcajadas ante los desconcertados ojos de sus hijos. Jajajajajajaja...

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¡Sonríe! Un día sin reírse es un día perdido.
Que tengáis un buen día.

(Especialment per l'Adrià, per ser el seu aniversari. 
Felicitats! un peto ben fort)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mucha razón en lo de reírse.
Hoy he tenido un día de pocas risas, al menos tu relato me hizo sonreír, ya puedo estar más tranquilo jaja.
Un abrazo.

Mondina dijo...

Allan! Reírse es algo mágico! Con este simple mecanismo conseguimos contagiar alegría. Además, sonreímos todos en el mismo idioma. :)Un beso.