domingo, 25 de diciembre de 2011

CANCIÓN DE NAVIDAD



No es verdad que me de náuseas la navidad
me conmueve la madre
el niño, la mula y el buey
lo que pasa es que estalla
una bomba en la noche de paz
lo que pasa es que apesta
a zambomba el mensaje del Rey.

El portal de Belén
es un zulo virtual
pero en vez de turrón
este invierno me como un marrón
unos hígados chumbos envueltos en Papel Albal
y Gaspar en lugar de una bici me pone carbón.

Ojala no abrasara el calor del hogar
cómo hacer cuando toca reír
si me da por llorar
corazón, no me quieras matar
corazón, sé de sobra quién paga y quién cobra
quien hace vudú
quien satura el cubo de basura de tu cotillón
San José se enfadó con el padre del Niño Jesús.

Para ti escribí este sol fa do re mi
te lo vas a encontrar en el árbol de Papa Noel
cómo voy a decirte que no cuando sabes que sí
que el cus cus sabe a grano de pus tatuado en la piel.

Satanás es un capo llevando el compás
infiltrado en el supermercado de la navidad

No es verdad...
No es verdad...
No es verdad...


sábado, 17 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO 2.012


Que los mejores momentos del pasado y la esperanza en el futuro
 os colme de alegría, amigos.
Feliz año 2.012.

domingo, 27 de noviembre de 2011

MIKE TOMPKINS


Mike Tompkins, canadiense, de 24 años, ha saltado a la fama con notoriedad usando su talento creando música a cappella, utilizando únicamente su voz. 




Adele - Rolling In The Deep - A Cappella Cover - Mike Tompkins -


jueves, 24 de noviembre de 2011

HUELLAS INDELEBLES



En la soledad
de mi paraíso prohibido,
los juguetes
rebosantes de recuerdos,
cantan
en victoria sobre el tiempo,
mi estampa idílica del pasado
con el encanto
de una sabiduría ancestral.


Son
huellas indelebles de la infancia,
paisajes
de figuras irreales,
armonía
de colores en movimiento,
cúmulos
de sensaciones renovadas,
chasquido y triunfo
de luces en las tinieblas.


Y en el plácido fin
de un sueño en el alba,
danzan al son majestuoso
de un canto irreverente.

lunes, 7 de noviembre de 2011

DESPEDIDA


Apoyada a los pies de la cama, contemplaba, con ojos hundidos, los últimos minutos de vida de su esposo moribundo.
Tumbado, con respiraciones afónicas de larga cadencia, él intentaba abrir los ojos sin poder conseguirlo.
Ella,  se levantó para cerrar aquellas cortinas viejas y llenas de zurcidos, pero limpias y planchadas, como no podía ser de otra manera en aquella casa. Antes de cerrarlas, se dio cuenta de la huella de un dedo marcado en el cristal, y se apresuró a limpiarla. ¡Qué tontería!, pensó.
El sol empezaba a esconderse, y poco a poco la habitación quedó en penumbra. Él, con los ojos entreabiertos, abrió y cerró la boca ligeramente, pidiendo silenciosamente un trago de agua. Con rapidez, ella le acercó el vaso a los labios. Miró a su esposo, y su semblante le recordó el gesto que, frío y distante, mostró cuando el medico le comunicó su grave dolencia. Como siempre, incluso ante la muerte. Su propia muerte.
Llegó el momento, y María, habiendo reunido ya la fuerza suficiente para confesarle a su marido, se puso las manos en el vientre, estéril y seco por designios de la naturaleza, y se acercó a la cama. Se sentó junto a él y bajó la cabeza, sumisamente, hacia su mejilla derecha. Apenas lo rozó, y cuando él estaba a punto de exhalar su último suspiro, pudo sentir como ella le decía: "Te detesto, monstruo. Marcha de una vez, y déjame vivir en paz”.

martes, 11 de octubre de 2011

PRECIPITACIÓN


Que yo no había muerto era evidente: sentía la reverberación lejana de la sosa letanía del sacerdote -alabando unas virtudes que nunca antes nadie me había atribuido- y, de fondo, el murmullo lastimero de los congregados a la ceremonia. La caja, si bien confortable, -era forrada de un terciopelo esponjoso de tacto placentero-, pecaba de una deficiente insonorización pero, en circunstancias luctuosas, estos son detalles que -comprensiblemente- no se ponderan. Si evité manifestarme entonces fue por respeto, para no trastornar la ceremonia, y porque confiaba en encontrar un momento más propicio para proclamar mi inequívoca vitalidad. Pero debí adormecerme, porque me desveló el olor a tierra húmeda. Golpee discretamente con los nudillos la madera, que me devolvió un sonido seco, amortiguado. El silencio era, ni que decirlo, sepulcral. Gritar, además de ser poco decoroso, parecía inútil. Y resignado a mi desdicha, recordé el cuento de un célebre autor norteamericano.

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Este ha sido un pequeño homenaje para  Edgar Allan Poe, célebre escritor romántico estadounidense, gran maestro del misterio y del terror. También  fue periodista, ensayista, genial y atormentado poeta, crítico y, sobre todo, un renovador del relato corto y de la novela de terror, el considerado inventor del relato detectivesco. El poema con el que alcanzó la fama es The Raven (El Cuervo), el cual también ha sido parodiado en un capítulo de Los Simpson . Los cuentos de Edgar Allan Poe han servido de inspiración a célebres escritores como Julio Cortázar, un apasionado de su obra.


lunes, 3 de octubre de 2011

CAVILACIONES


Álvaro

Desde el velero, la ve apoyada en el alféizar de la ventana, encarada a la bahía y abierta de par en par. Si la calima y el día nublado no le engañan los ojos, aseguraría que lo está mirando. Como ha venido haciendo estos últimos días se encuentra en la ventana, siempre, a la misma hora: c
uando las barcas vuelven de la pesca, en el límite del mediodía.
Nunca ha hablado con ella. La encuentra a menudo por las calles del pueblo cuando se cruzan, pero sólo tiene ánimo para esbozar una sonrisa si lo pilla observándola. La piel curtida por el sol y el salitre, disimula su sonrojo. Porque él, aunque no lo parezca, es tímido, pícaro y solitario.

De Elena, solo sabe su nombre y los  cotilleos que su madre y sus amigas hablan de ella. Es una chica culta, leída y capaz de tocar cualquier partitura al piano de compositores extranjeros que no sabría deletrear pero que, de tanto escucharlos en los elogios hacia ella, sabe como suenan.
El día ha sido duro, aunque la escasa pesca no traduzca tal dureza. Las redes le han dañado, una vez más, las manos y sólo piensa en llegar a casa y dejarse caer sobre cama. Un efímero descanso que no le devolverá las fuerzas por completo... Sin embargo, la visión de la chica le reconforta y, sacando el valor de entre el agotamiento, alza el brazo derecho para saludarla pero su gesto no obtiene respuesta. Es más, repentinamente, ella desaparece.

Elena

El sol, detrás de las nubes, calienta poco y la brisa es fresca.  Elena, asomada a la ventana, soporta estoicamente la postura. Observa la bahía y huele el siroco que sopla con suavidad, lleno de aromas de mar y de pescado acabado de pescar. Cuando la lonja inicia su trasiego, le gusta ir a comprar pescado porque, aunque este sea un trabajo para su cocinera, le agrada mezclarse entre el bullicio. Ya habrá tiempo para dedicarlo a Chopin y sus nocturnos o a Listz y sus transcripciones para las sinfonías de Beethoven, que tanto gustan a su hermano.
Deja la mirada abstraída en un punto indefinido, sin fijarse en nada, y por delante desfilan las velas blancas de los veleros que vuelven de la pesca. De pronto, un brazo se levanta desde uno de los veleros. Reconoce al joven pescador de haberlo visto por las calles del pueblo. No sabe su nombre, sólo sabe que la devora con la mirada al cruzársele por la calle. Pensativa, se queda inmóvil. ¿Y si no la saluda a ella? Inesperadamente, su hermano la despierta de sus cavilaciones.

Salvador

De espaldas a Elena, sigue retocando el lienzo. Sentado en la silla, que cruje cada vez que quiere alejarse de la pintura para encontrar mejor perspectiva, no hay nada que estorbe su paciente ejercicio. Ha querido pintarla así porque el ángulo de visión no afecte la óptica y consiga un efecto más real.
El día es desapacible, como los días anteriores, y la luz es difícil de captar. Prefiere el sol, la cal de las casas cuando el mediodía se alza con todo el esplendor y multiplica la luz. Pero también es consciente de que, de haber elegido el día claro, Elena no luciría tanto por el menor contraste luminiscente. Y eso es lo que también persigue: elogiar el cuerpo de su hermana y demostrarle su amor sin que ella se dé cuenta.
Observa una vez más la pintura y, con los garabatos de la firma y la fecha, la da por finalizada. Rompe el silencio con su voz y la llama:
- Elena, ya puedes mirar. Ven, verás tu retrato terminado -la voz es dulce, con matices ambiguos. 
Sin embargo, no se ahorra de añadir con un tono socarrón:- Y deja de flirtear con los pescadores, mujer...

domingo, 2 de octubre de 2011

VOCES SABIAS


Las palabras precisas en poesía, son las voces sabias e inacabables de las libertades, de los contactos, de los conocimientos y de las materias humanas.
Roland Barther dice que "La palabra poética está llena de elementos inesperados como una caja de Pandora de donde salen proyectadas numerosas potencialidades que posee el lenguaje."
Al poema lo componen las voces del silencio. Pero un silencio polifónico, polisémico, simplemente, un silencio que no para de decir, de contar, de cantar. Ya sé que es una idea paradójica, lo del silencio musical, sin embargo es la parte más constitutiva, esencial, el fundamento de la poesía desde que los primeros poetas del mundo hicieron mover los mecanismos sonadores del cerebro y de la fonética para crear “notas verbales” que sonasen, a la vez, a música y a conocimiento.

Borges, en una de sus benignas inscripciones, nos dice que no sabemos nada sobre el origen del lenguaje. Sólo podemos decir que se ramifica en idiomas, y que cada uno de estos idiomas se compone de un vocabulario indefinido y cambiante así como de un número indefinido de posibilidades sintácticas.

Y cada uno de los poetas es a la vez creador y dicente. Un dicente de la voz propia: la más honda y secreta, la más enigmática y seductora: la voz de una carne sinfónica.
Mark Twain dice: "La palabra precisa tal vez sea efectiva, pero ninguna palabra jamás ha sido tan efectiva como un silencio a tiempo." 

Cada poema es un pequeño aliento de vida o muerte,
una sonrisa,
una lágrima con rocío de tristeza,
un bostezo de soledad,
el eco del silencio,
los pétalos de un recuerdo,
la caricia petrificada en la mente,
la brisa que venció al ahogo...
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Llevo algunos días, apartada de este medio virtual comunicativo debido a cambios habidos en mis cotidianas “rutinas” los cuales han modificado costumbres y han aportado novedades que me obligan a "reacomodarme". De momento no tengo ni puñetera idea de cuanto tiempo me durará esta especie de “tregua terapéutica”. Me dejaré llevar y dejaré que mi estado anímico vaya decidiendo mis retornos. Saludos y abrazos para todos.