sábado, 7 de julio de 2012

EL TALENTO


Lo que más destacaba de aquel joven era su bigote espeso, cuadrado, recortado con cuidado: según la orientación del sol podía confundirse con la sombra de la nariz que se proyectaba sobre su labio superior. Se mantenía erguido frente la mesa del secretario de admisiones: con sus manos respetuosamente cruzadas, su mirada severa y  el ceño fruncido. Sólo delataba su nerviosismo un ligero movimiento pendular del cuerpo, como si tuviera ganas de orinar.

El secretario se había ajustado unas gafas bifocales y hojeaba el papeleo. Como muchos otros subordinados, gozaba de esos pequeños instantes de poder: Ummm! tenía el futuro de aquel joven en sus manos (aunque solo fuera el mensajero, ni siquiera el que había dictado el informe).
Finalmente localizó el expediente que buscaba. "Aquí lo tenemos: veamos...". Disimulaba  leer los documentos, absorto. Qué placer disponer de la atención absoluta de alguien! Y para ganar todavía unos segundos más de incertidumbre, se sacó las gafas y las limpio detenidamente con su pañuelo.

Por fin levantó la cabeza: "Lamento comunicarle que no ha superado las pruebas de acceso" (no lo lamentaba, en el fondo se alegraba de todos los fracasados que en el futuro serían tan mediocres como él). "Parece ser que no tiene talento artístico", insistió, "le aconsejo que se busque otra ocupación en la vida".

Aquel orgulloso secretario nunca hubiera imaginado -ni nadie de la Academia de Bellas Artes de Viena- que suspendiendo al joven, acababan de cambiar el curso de la historia. Porque, efectivamente, Adolf dedicó su vida a otros quehaceres.
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Me da la impresión que con este relato
 he querido encontrar el argumento idóneo
 contra los recortes en educación.

Adolfo Hitler, más que un dictador y
máximo representante del pensamiento de la ultra-derecha,
 fue un sujeto producto de un mundo pensado para ahogar
 los sueños y destruir las ilusiones,
 un mundo de individuos que caminan su sendero
 solos y desdichados.

Cabria preguntarse,
que hubiese pasado si Hitler
hubiera podido cumplir sus sueños
de estudiar en la Academia de Bellas Artes,
quizás hoy en día sería un artista reconocido
y no el monstruo de la intolerancia
en el que se convirtió.


La pintura rechazada por la Academia de Bellas Artes de Viena.

1 comentario:

Javier Ximens dijo...

Hola. Me gusta el relato por sí solo, cómo un intermediario frustrado goza del rechazo. Efectivamente, tu reflexión sobre Hitler es correcta, quizás se hubiera buscado la vida de otra manera. Y sí, la falta de educación produce violencia, sobre todo en el mundo de consumo, al tiempo.