Lo que más destacaba de
aquel joven era su bigote espeso, cuadrado, recortado con cuidado: según la
orientación del sol podía confundirse con la sombra de la nariz que se
proyectaba sobre su labio superior. Se mantenía erguido frente la mesa del
secretario de admisiones: con sus manos respetuosamente cruzadas, su mirada
severa y el ceño fruncido. Sólo delataba
su nerviosismo un ligero movimiento pendular del cuerpo, como si tuviera ganas
de orinar.
El secretario se había ajustado
unas gafas bifocales y hojeaba el papeleo. Como muchos otros subordinados, gozaba de
esos pequeños instantes de poder: Ummm! tenía el futuro de aquel joven en sus
manos (aunque solo fuera el mensajero, ni siquiera el que había dictado el informe).
Finalmente localizó el
expediente que buscaba. "Aquí lo tenemos: veamos...". Disimulaba leer
los documentos, absorto. Qué placer disponer de la atención absoluta de
alguien! Y para ganar todavía unos segundos más de incertidumbre, se sacó las
gafas y las limpio detenidamente con su pañuelo.
Por fin levantó la
cabeza: "Lamento comunicarle que no ha superado las pruebas de
acceso" (no lo lamentaba, en el fondo se alegraba de todos los fracasados que en el futuro serían tan mediocres como él). "Parece ser que no
tiene talento artístico", insistió, "le aconsejo que se busque otra
ocupación en la vida".
Aquel orgulloso secretario nunca hubiera imaginado -ni nadie de la
Academia de Bellas Artes de Viena- que suspendiendo al joven, acababan de
cambiar el curso de la historia. Porque, efectivamente, Adolf dedicó su vida a
otros quehaceres.
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Me da la impresión que con este relato
he querido encontrar el argumento
idóneo
contra los recortes en educación.
Adolfo Hitler,
más que un dictador y
máximo representante del pensamiento de la ultra-derecha,
fue
un sujeto producto de un mundo pensado para ahogar
los sueños y destruir las
ilusiones,
un mundo de individuos que caminan su sendero
solos y desdichados.
Cabria preguntarse,
que hubiese pasado si Hitler
hubiera podido cumplir sus sueños
que hubiese pasado si Hitler
hubiera podido cumplir sus sueños
de estudiar en la Academia de Bellas Artes,
quizás hoy en día sería un artista reconocido
y no el monstruo de la intolerancia
en el que se convirtió.
quizás hoy en día sería un artista reconocido
y no el monstruo de la intolerancia
en el que se convirtió.
La pintura rechazada por la Academia de Bellas
Artes de Viena.


1 comentario:
Hola. Me gusta el relato por sí solo, cómo un intermediario frustrado goza del rechazo. Efectivamente, tu reflexión sobre Hitler es correcta, quizás se hubiera buscado la vida de otra manera. Y sí, la falta de educación produce violencia, sobre todo en el mundo de consumo, al tiempo.
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