
Aquel cuadro iluminado, colgado en la parte central de una inmensa pared pintada de negro de aquella galería de moda, no era la única obra de esa exposición, pero si la de mayor formato, la más conocida y la que sobresalía del resto. Su autor, una firma ya reconocida, era un buen reclamo para persuadir la atención de unos hipotéticos compradores y los críticos de arte y representantes de los medios de comunicación escrita y audiovisual.
La inauguración, se inició con unas palabras protocolarias de presentación del artista y el agradecimiento de éste a los asistentes. Seguidamente, el vernissage transcurrió tal y como se había previsto: mucha gente, muy diversa y, como suele ser habitual, cuantiosa hipocresía verbal y abundante petulancia.
Poco a poco se fueron formando grupitos reducidos: unos mirando y comentando las obras expuestas, otros en torno a las mesitas eligiendo y comiendo, la mayoría con discreción, aquellas delicatessen del aperitivo; otros asediaban al autor para saludarle, felicitarle -como establece el protocolo no escrito de este tipo de actos sociales- y expresarle su opinión, siempre elogiosa, claro. Todos, son los más entendidos, los más expertos, los que pontifican… pero siempre, con una mano ocupada en sostener la copa de cava, haciendo un traguito de vez en cuando como marcando el tempo de la conversación.
El cuadro, inmenso, era una superficie monocromática resultante de una mezcla entre un "rose portrait" y un "jaune lumière", con un tratamiento plano de la pintura, sin matices, sin formas, sin manchas. Liso y casi inmaculado. Había, sin embargo, una minúscula mácula situada en el lado izquierdo (mirando la obra), al lado de la escuadra a la parte de abajo. Una sola palabra manuscrita en negro: "iluso"
Lógicamente, la palabra y la obra en general, fueron objeto de todo tipo de comentarios y de un montón de suposiciones e interpretaciones por parte de las preclaras mentes allí presentes. Que si quería simbolizar esto o aquello... Que si era una metáfora sobre no se sabe bien de que... Cualquier opinión adquiría enseguida una dimensión filosófica o, incluso, bordeaba la metafísica. Porque, como ya es sabido, hay una general predisposición a hacer difícil lo fácil. La sencillez y la simplicidad no son conceptos con valor añadido. Por costumbre, hay que complicarlo todo para que algunos prohombres puedan lucirse jactándose de su pretendida cultura y sabiduría.
El autor, sonreía con disimulada ironía; lo hacía como suelen hacerlo los políticos, ni confirmaba ni desmentía. Sonreía por lo que oía decir y comentar, pero sobre todo, sonreía pensando: "¡Ilusos!..."
Poco a poco se fueron formando grupitos reducidos: unos mirando y comentando las obras expuestas, otros en torno a las mesitas eligiendo y comiendo, la mayoría con discreción, aquellas delicatessen del aperitivo; otros asediaban al autor para saludarle, felicitarle -como establece el protocolo no escrito de este tipo de actos sociales- y expresarle su opinión, siempre elogiosa, claro. Todos, son los más entendidos, los más expertos, los que pontifican… pero siempre, con una mano ocupada en sostener la copa de cava, haciendo un traguito de vez en cuando como marcando el tempo de la conversación.
El cuadro, inmenso, era una superficie monocromática resultante de una mezcla entre un "rose portrait" y un "jaune lumière", con un tratamiento plano de la pintura, sin matices, sin formas, sin manchas. Liso y casi inmaculado. Había, sin embargo, una minúscula mácula situada en el lado izquierdo (mirando la obra), al lado de la escuadra a la parte de abajo. Una sola palabra manuscrita en negro: "iluso"
Lógicamente, la palabra y la obra en general, fueron objeto de todo tipo de comentarios y de un montón de suposiciones e interpretaciones por parte de las preclaras mentes allí presentes. Que si quería simbolizar esto o aquello... Que si era una metáfora sobre no se sabe bien de que... Cualquier opinión adquiría enseguida una dimensión filosófica o, incluso, bordeaba la metafísica. Porque, como ya es sabido, hay una general predisposición a hacer difícil lo fácil. La sencillez y la simplicidad no son conceptos con valor añadido. Por costumbre, hay que complicarlo todo para que algunos prohombres puedan lucirse jactándose de su pretendida cultura y sabiduría.
El autor, sonreía con disimulada ironía; lo hacía como suelen hacerlo los políticos, ni confirmaba ni desmentía. Sonreía por lo que oía decir y comentar, pero sobre todo, sonreía pensando: "¡Ilusos!..."
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Este, es el puro reflejo de algunos de los actos inaugurales
a los que acostumbro asistir y en donde, a menudo,
se suele ver mucho más de lo que el autor ha pretendido mostrar.
(Cuando una exposición realmente me interesa, vuelvo otro día)
Después de unos días de ausencia,
he querido escribir este sencillo microrrelato
y mandaros un saludo. Un abrazo.
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