jueves, 7 de julio de 2011

LA HORMONA DEL AFECTO

 

Seguía apoyado en la misma pared de cada día. Juntos compartían muchas horas confiando en los designios de la suerte. Con la cabeza gacha y los hombros encogidos, pedía  que le echaran algunas monedas.
Mientras contemplaba, día tras día, los pies de los transeúntes, repasaba el colosal espectáculo lamentable de su vida.
 
Hijo de una familia humilde, que había subsistido prácticamente de la picaresca en el barrio. Del padre nadie conocía su oficio. Aún hoy, no entiende cómo consiguió que ella se casara con él. Pero harta de soportar infidelidades, mentiras e irresponsabilidades familiares, esta le pidió el divorcio a los  20 años de matrimonio. El hijo le dejó el mismo día que su mujer. La hija convivió con él sin poderlo considerar como un referente paterno y asumiendo la logística de la casa. Después de que la joven se independizara,  y tras pasar unos meses sin pagar el alquiler del piso, se mudó a otro apartamento más pequeño. Cuando de nuevo volvió a tener  deudas de alquiler, se instaló en el piso de Isabel, hasta que ella se cansó. Después pasó a ser okupa en el piso de  Marga donde se repitió la misma historia. Las relaciones con las mujeres le duraban tan poco tiempo como los trabajos de economía sumergida con el que iba trampeando. La verdad es que nunca le había gustado eso de quedar supeditado a un horario laboral, no encajaba con la vida bohemia que deseaba. Se instaló en casa de su madre donde pudo vivir de su pensión sin trabajar. No se interesó nunca en cuidarla y la pobre mujer murió a los dos años.
El hermano mayor, propietario del piso y con problemas económicos, decidió que era el momento de venderlo. Fue entonces cuando decidió irse a vivir a casa de un viejo amigo de "juergas" nocturnas, que lo acogió con la promesa de que sería por poco tiempo. Pero a los seis meses, lo echó de su casa como hacen en las películas: le dejó en el rellano de la escalera la maleta, el portátil y la cama plegable.
Las ganas de disfrutar de la vida y el poco juicio lo habían arrastrado a la penuria. No se sentía orgulloso de sí mismo, ni como hermano, ni como esposo, ni como trabajador, y mucho menos como padre... Era un juez implacable de su propia existencia y se consideraba culpable. La indigencia era la condena que le tocaba pagar.
Vivía en una habitación de alquiler, sin agua corriente, con el portátil como compañero. Conseguía conectarse mediante la conexión WI-FI de algún vecino y mantenía sus relaciones sociales habituales con el correo electrónico y el Facebook. A nadie le contaba en qué situaciones malvivía. A Todos les hacía creer que vivía en casa de una nueva amiga que había conocido de otra ciudad  y, virtualmente, aparentaba ser feliz. Bromeaba con los hermanos, los hijos y los pocos amigos que le quedaban. Este era el único contacto afectivo que mantenía con los seres humanos.
 
Seguía apoyado en la misma pared de cada día. Juntos compartían muchas horas confiando en los designios de la suerte. Con la cabeza gacha y los hombros encogidos, pedía  que le echaran algunas monedas.
Mientras contempla los pies de los transeúntes, piensa en la noticia que descubrió anoche en la red: "usar el Facebook libera oxitocina, que es la misma hormona que libera el cuerpo cuando damos un abrazo o un beso". Ahora tiene la esperanza de que, mientras se pueda conectar con el ordenador y mantener la farsa, no caerá en la locura.

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¡Que difícil debe ser escribir una novela! Pero, a la vez, interesante y divertido
Admiro a todos aquellos que se atreven con los dos elementos requeridos
para escribir una buena historia: talento y decisión.
Aunque también creo imprescindible:
no perder el impulso, ser creativo para incluir muchos detalles
y tener una muy buena, y ordenada, línea argumental.
Por ahora  solo me es posible minimizar mis historias en forma de microrelatos.
Seguiré practicando ;)
Besos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Interesante el relato... muy real la situación que has creado. Tanto que me da miedo acabar de la misma forma que él jaja.
Comparto lo que dices de las novelas... una de mis metas es llegar un día a poder elaborar un texto largo, coherente, interesante y a lo mejor con un poquito de originalidad. Habrá que seguir practicando.