Un día mi amigo narrador me recomendó, con entusiasmo, la película Temple Grandin. Y para intentar animar un día plomizo y lleno de humedad, me decidí acomodarme para verla: Ummm. ¡Qué Bien! ¡Qué interesante! ¡Qué bonita estética visual! Impresiona y apasiona el retrato de una personalidad tan extraordinaria; una original historia, pero sobre todo, auténtica; real.
Me emocionó la relación que tiene Temple con su madre y ver como esta sufre por no poder acercarse ni tocar a su hija para nada, pero que a pesar de todo, apuesta por la disciplina y la integración, en vez de diferenciarla. ¡Emocionante! Incluso me emocioné y lloré, como una tonta, cuando Temple ofrece un simbólico y fuerte abrazo a su madre, agradeciendo y contando en público, todo lo que esta hizo por ella.
Hay un montón de secuencias e historias bonitas y agradables que comentar sobre la película: la unión aislada que vive con su compañera de universidad; la pasión que comparte con su profesor; su brillantez y su sensatez; su visión del extraño mundo de hombres crueles que la prejuzga y la margina; su asimilación de pensamiento con los animales los cual le hacia incapaz su sufrimiento…
"Temple Gradin" es una película con una historia especial. Una experiencia extraordinaria para ayudarnos a cruzar puertas que están cerradas.

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