Hoy voy hablar de Nunila, la cuentista. Nos conocimos un día en la celebración de un cumpleaños, y allí empezó todo. Muchas felicidades por conseguir tu éxito, Nunila. ¡Lo conseguiste!
NUNILA es una fantástica “cuentista” que explica cuentos llenos de magia y de humor que invitan a la reflexión. Con un cierto toque de “clown”, esta hada guerrera, nos hace llegar hasta el corazón historias increíbles.
“La cenicienta que no quería comer perdices”, es un cuento que desmonta todos los cuentos que nos han contado.
«Y fueron felices y comieron perdices.» Es el final convencional que siempre nos han contado. Pero... ¿fueron felices de verdad?, ¿y si no les gustan las perdices?, ¿será el príncipe tan perfecto como aparenta en el cuento?, y la princesa, ¿encajará bien en su nueva vida?
“La cenicienta que no quería comer perdices” se ha convertido en un gran boom editorial antes de publicarse. Las autoras, Nunila López Salamero y Myriam Cameros Sierra, escribieron e ilustraron a cuatro manos este cuento que autoeditaron tras conseguir financiación gracias a amigos y conocidos.
El éxito fue tal que el cuento se convirtió en todo un fenómeno en Internet: empezó a circular por e-mail, en foros, en blogs... y las autoras empezaron a dar charlas en institutos y universidades. Se convirtieron en referentes del buen rollo y consiguieron una total identificación con su público.
El éxito fue tal que el cuento se convirtió en todo un fenómeno en Internet: empezó a circular por e-mail, en foros, en blogs... y las autoras empezaron a dar charlas en institutos y universidades. Se convirtieron en referentes del buen rollo y consiguieron una total identificación con su público.
En este vídeo, las autoras te explican cómo empezó esta historia.
Prólogo de Maruja Torres.
Amada Cenicienta
Miren qué guapa está, con su traje de imprenta, con sus colores satinados, con sus ojos de asombro. Por fin entre las manos, pero no encerrada, sino más suelta que nunca, más bailona, más feliz, llega a nosotros la necesaria muchacha que un día por fin dijo «no». La Cenicienta de Myriam y Nunila, que, previamente, desparramó sus dones de liberación en el ciberespacio, ha recibido un nuevo regalo, y esta vez no se trata de un martirio chino en forma de zapatos, sino de un libro que debería entrar obligatoriamente en los programas de los colegios. Un libro que no es para poner en una estantería, sino para dejarlo siempre al aire, brazos abiertos. Un libro para tentar a las esclavas, para sublevar a las sumisas. Un libro, como una llave o como una sierra dentada o como un barco de vela. Un libro como un baile libre ejecutado libremente por muchas mujeres.
Pasen y miren. Qué guapa está, medio tarumba aún por el descubrimiento de que ella para ella lo es todo.
¿Por qué nos enamora esta Cenicienta? De la red al papel impreso, la pequeña y cañera heroína vegetariana ha ido pegando brincos, saltando sin red -precisamente- y diciendo «basta», dejando salir a su hada íntima y regordeta, pregonando verdades como puños.
Verdades como puños. Ello, con ser mucho, no resulta suficiente, sin embargo, para explicar la adicción que Cenicienta produce. ¿En qué reside su capacidad de atracción? Se lee y relee este cuento -llamémoslo cuento: por una vez, un cuento tejido con verdades-, se mira y remira, y la chiquilla se mete dentro, es un cascabel que suena en el corazón, quizá porque ha conseguido que nuestra propia hada se ponga en pie y recuerde.
Recordar, sí. Recuerda, hermana, cuando queríamos cambiar el mundo. Recuerda también, hermana, que -citando a María Elena Walsh, otra gran cuentista y mujer- la vida iba en tacones altos y nos sobrepasó.
Pero no hay mujer que, antes de empezar a vivir, no necesite que le cuenten una historia como ésta. Si no la escucha vivirá la vida que otros han dispuesto para ella, en una condición inferior, con una felicidad falsa, y con premios que huelen a humo.
Las mayores solemos dar por sentado que eso ya se hizo: plantar cara y decir «no». Nuestra Cenicienta, sin ceniza en la frente y con la cabeza muy alta, nos avisa de que cada generación, cada mujer, tiene que volver a empezar. Porque, a la que se descuida, los tacones altos, ese regalo envenenado, la conducen a un camino de espinas. La ponen a cocinar perdices para cualquier príncipe, titular o secundario. Y puede acabar no reconociéndose, no sabiendo cómo llorar sus vidas impuestas, cómo vaciarse de los mandamientos, cómo deshacerse del sometimiento. Acaba ignorando que es ella misma la que tiene que cobijarse y mirarse y darse fuerzas para seguir adelante. Para esta decisión hay que estar preparadas desde la infancia. Y es por eso que éste resulta un cuento indispensable que cada nueva oleada de mujeres tiene que leer.
Y esta verdad tan sencilla, tan evidente, todo eso regresa de repente por la magia de este par de brujas, de este par de hadas, Myriam y Nunila, por la buena pareja -ésta, sí- que forman la ilustración y el texto, por esa tierna criatura que han alumbrado, y que ahora podremos tener en nuestras manos, acomodar en nuestra mesilla de noche, encontrar súbitamente cuando abramos un cajón, hacer que pase de una muchacha a otra.
La vida que hoy inicia La Cenicienta que no quería comer perdices simboliza la reencarnación que las mujeres permanentemente alumbramos en nuestro intento por saltar murallas y cortar amarras. Hay muchas vidas en cada una de nosotras, como en la trayectoria de nuestra muchacha. Y hay muchas muertes, como bien señalan las autoras en su conmovedora dedicatoria de este libro. Pero esta cadena, la buena cadena de la continuidad solidaria de las mujeres que necesitan cambiarse, esta cadena la formamos las vivas y las muertas.
El ejemplo, la herencia, el espejo. La antorcha que nos pasamos, que hemos recibido, de la que debemos ser dignas. Todas esas sonrisas, todas esas lágrimas, ese inmenso mar de amor propio recuperado, se remansan en el rostro iluminado de nuestra Cenicienta.
Sonríe Cenicienta de oreja a oreja en la cubierta del buque de su vida, rodeada de la gente que navega en su mismo rumbo. Un rumbo que sería mucho más ancho si este cuento tramado con verdades pudieran leerlo todos los niños y niñas del mundo, en todos los días de su vida, para que no lo olvidaran jamás.
Maruja Torres
Ahí, os dejo el cuento:

1 comentario:
preciosicima la entrada.
Ya esta linkada en mi blog.
besicos tomatiles!
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