Él.
- ¡Buenas noches, señores!
Inicia la rutina de seguridad: repasa cerraduras, protege accesos, comprueba el antiincendios, conecta la alarma.
Sólo, en su reino nocturno. Se relaja con gesto profesional, y emite un suspiro que recorre el vestíbulo de la entrada.
Sube. Primera Planta: Atención al público. Sin novedad.
Inicia la rutina de seguridad: repasa cerraduras, protege accesos, comprueba el antiincendios, conecta la alarma.
Sólo, en su reino nocturno. Se relaja con gesto profesional, y emite un suspiro que recorre el vestíbulo de la entrada.
Sube. Primera Planta: Atención al público. Sin novedad.
Más arriba. Segunda Planta: Gerencia. Calma total. No queda nadie ante las pantallas, donde danza lentamente el logotipo de la empresa. Detecta solo su propia impaciencia... Sigue. Tercera Planta: Salones. Siente una brizna de decepción: la Sala de Juntas había resultado un emplazamiento muy interesante la noche anterior...
Ella.
- ¡Hasta mañana!
Pasado el control, se despide de la compañera con un gesto. En el ascensor de servicio, se transforma. Al salir, arrastra el carrito hasta el lavabo, se retoca algunos detalles ante el espejo; guarda el equipo en el trastero y cuelga su bata.
Camina descalza hasta los archivos con los utensilios necesarios entre sus brazos. Pega la señal en la puerta y sonríe imaginando la sorpresa que tendrá en descubrir el lugar elegido para esta velada. Una vez dentro, coloca el aparato de música sobre la mesa y lo conecta; sitúa la vela a un lado y la enciende; se pone los zapatos de tacón, vigila y espera...
- ¡Hasta mañana!
Pasado el control, se despide de la compañera con un gesto. En el ascensor de servicio, se transforma. Al salir, arrastra el carrito hasta el lavabo, se retoca algunos detalles ante el espejo; guarda el equipo en el trastero y cuelga su bata.
Camina descalza hasta los archivos con los utensilios necesarios entre sus brazos. Pega la señal en la puerta y sonríe imaginando la sorpresa que tendrá en descubrir el lugar elegido para esta velada. Una vez dentro, coloca el aparato de música sobre la mesa y lo conecta; sitúa la vela a un lado y la enciende; se pone los zapatos de tacón, vigila y espera...
Él.
Continúa. Cuarta Planta: Despachos. Justo, al dar la vuelta, distingue el Post-It amarillo sobre la madera oscura y pulida de la puerta. La nota dice: ARCHIVOS. La sonrisa le cambia la cara. Una opción estimulante ¡un lugar sin demasiado espacio!
Abre la puerta y nada queda de aquella mujer uniformada, muda, anónima, que le presentaron como compañera del personal autorizado de servicios ¡Nada!
Frente a él, una hechicera con ojos brillantes de lechuza y cuerpo vehemente de bailarina, abrasa las horas oscuras de su turno nocturno.
La luz de la vela, ninfa generosa, le regala un aura mágica. Respira su perfume, duende travieso, empapándose...
Avanza. Siguiendo el ritual, pulsa el botón: reconoce la melodía de un bolero. Ayer, un vals en torno a la mesa oval de caoba. Hoy, una pieza lenta en medio de un bosque clasificado de la A a la Z.
Se acerca, le ofrece la mano y la saca a bailar.
Abre la puerta y nada queda de aquella mujer uniformada, muda, anónima, que le presentaron como compañera del personal autorizado de servicios ¡Nada!
Frente a él, una hechicera con ojos brillantes de lechuza y cuerpo vehemente de bailarina, abrasa las horas oscuras de su turno nocturno.
La luz de la vela, ninfa generosa, le regala un aura mágica. Respira su perfume, duende travieso, empapándose...
Avanza. Siguiendo el ritual, pulsa el botón: reconoce la melodía de un bolero. Ayer, un vals en torno a la mesa oval de caoba. Hoy, una pieza lenta en medio de un bosque clasificado de la A a la Z.
Se acerca, le ofrece la mano y la saca a bailar.


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