lunes, 16 de mayo de 2011

LA HISTORIA DE UN HOMBRE QUE NO QUERÍA PERDER EL TIEMPO




Yan Ovatarde detestaba perder el tiempo, así que siempre avanzaba el trabajo tanto como podía.
Empezó ya, en el día de su nacimiento. Se le esperaba parael15 de julio, pero decidió salir un mes antes para aprovechar toda la temporada estival.
Cuando tenía cinco meses de vida, ya hablaba. Todo el mundo insistía en que dijera "pa-pa" o "ma-ma", pero él era de talante práctico, así que habló justo en el momento en que tuvo algo importante que decir.
- "¡¡¡¡Ca-ca!!!!”-soltó una mañana, cansado de esperar que le cambiaran los pañales.
Yan en la guardería ya apuntaba maneras, y creció rápidamente. Enseguida comenzó a hacer letras y números, así que lo tuvieron que escolarizar antes de tiempo.
Decidió condensar su aprendizaje: no era cuestión de perder tiempo. Antes de los 20 hablaba tres idiomas, a los 25 se había sacado, además, dos carreras: arquitectura e ingeniería industrial. Rápidamente, se puso a trabajar para empezar a cotizar. El tiempo corría.
Su primer proyecto lo absorbió de tal manera, que no se dio cuenta del paso de los meses. En tres años, construyó el hotel más grande de la ciudad: cuatrocientas habitaciones de lujo y un diseño tan moderno, que su nombre como arquitecto se hizo famoso. Después diseñó un complejo deportivo;  le siguió un palacete por encargo de un millonario excéntrico, un centro comercial a las afueras de la ciudad y la remodelación de un barrio entero. Cuando se dio cuenta, habían pasado quince años y se asustó. ¡Con tantas cosas que tenía que hacer!
Los años siguientes experimentó y probó el puenting, el rafting y el surfing; se lanzó en paracaídas, subió en globo e hizo alpinismo extremo. Viajó, aprendió a pilotar avionetas y pequeños barcos, participó en carreras de motos por el desierto. Incluso se unió a una expedición de safari; pero aquellas actividades, a pesar de ser entretenidas, eran una pérdida de tiempo. 
Aunque había conocido las delicias de la erótica del poder, sus conocimientos del mundo del sexo no eran demasiado exhaustivos. Hizo pruebas con hombres y con mujeres, o con todos a la vez. ¡Demasiado trabajo para un placer tan corto! Los preliminares eran excesivos, así que, finalmente, sólo se ponía si la cosa iba rápido. No había tiempo ni para la seducción ni para enamoramiento.
Los cabellos de Yan empezaron a blanquear. Día tras día, casi desde que nació, había tenido la inquietud de aprovechar el tiempo, de quemarlo, de gastarlo sin pausa, sin tregua, sin parar de pensar, de producir, de evolucionar, de saber... Y he aquí que una mañana de noviembre, Yan se levantó extrañamente vacío. 
Con calma, sin correr, sin prisas, se sentó en un sillón. Su cabeza daba vueltas, sin un objetivo definido. Recordaba perfectamente todas las cosas que había hecho, y todas las que había descartado, por si necesitaba repescar alguna.
Poco a poco, Yan fue tomando conciencia de que estaba, deliberadamente, perdiendo el tiempo. Algo impensable que, curiosa y sorprendentemente, le hacía sentirse bien.
Abrió un libro que tenía en el estante de encima de la chimenea. Era un libro con ilustraciones, uno de esos llenos de fotografías bonitas que hablan de curiosidades. Entonces se dio cuenta que con su delirio porno perder tiempo... se le olvidó vivir.
Había cumplido ya los cincuenta años y se percató que había perdido infinidad de cosas por no estar parado ¡No había contemplado nunca la salida del sol! Ni había estado atento al vuelo de una abeja por entre un florido árbol, ni jamás se había sentado en el banco de un parque y ver como jugaban los niños; tampoco se había entretenido en hacer un sudoku, o un crucigrama, ni sabía lo que era disfrutar de una cerveza fresca, sentado en la terraza de un bar, viendo como pasaba la gente.
Pero es que ni siquiera, había observado detenidamente ante el espejo, las señales que el tiempo había ido dejando en su rostro.
Todo, por no parar.
Todo, por no perder el tiempo.

No os puedo contar el final de la historia, porque no la sé con certeza. Dicen, que Yan Ovatarde desapareció. 
Algunos piensan que vive en una cabaña, en una playa tropical, viendo salir el sol cada día.
Hay que piensan que marchó a Islandia, y que se dedica a pescar bacalaos y ver pasar los barcos por delante del faro que le sirve de casa.
Y hay quien dice que lleva años encerrado en casa, sentado en el sillón, pensando de qué manera podrá recuperar el tiempo que lleva pensando en cómo gastar lo que aún le queda...
Yo, no pienso perder el tiempo en averiguarlo.

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"El tiempo no existe"

El concepto tiempo, o lo que se ha venido entendiendo por tiempo, ha sido objeto de profundo estudio por parte del pensamiento de los hombres de todas las épocas.
- Para Aristóteles, "el tiempo no existe sin el cambio".
- Para San Agustín, "el tiempo no existe, y es sólo una propiedad específica del universo".
- Leibniz consideraba que, tanto el espacio como el tiempo son relativos, y lo único absoluto son nuestras experiencias sobre la relación entre los objetos, tanto espacial como temporal.
- Según Kant, el tiempo no existe como una realidad en sí exterior a nosotros, ni como algo que tienen las cosas en movimiento, sino como una manera de percibir propia del hombre. El tiempo existe en cada uno de nosotros como una forma de ordenar nuestra experiencia interna.
- En el mismo sentido, Schopenhauer afirma que “nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro: el presente es la forma de toda vida”.
- Einstein decía que “Para nosotros, físicos convencidos, el pasado, presente y futuro, solo son ilusiones, aunque se trata de ilusiones muy verídicas”. La relatividad implica un tiempo relativo a la masa y a la energía, nunca absoluto.
Y algunos más.
Os invito a ver este video del interesante programa televisivo “Redes”, presentado por Eduardo Punset, donde el físico y escritor Julian Barbour  afirma que “ El Tiempo NO Existe”

 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Muy bueno el relato! (Aunque parece que ha habido algún problema con la redacción, pues veo líneas desordenadas y signos de puntuación perdidos... supongo que culpa de blogger, no?)

El andar con prisas y pensar que no se está aprovechando la vida, nunca traen nada positivo, al contrario, como bien has dicho, nos hace obsesionarnos y no darnos cuenta de lo realmente valioso que tenemos nosotros mismos, y lo que nos rodea.
Ya que has usado tan buenas citas, usaré yo una también... En el libro "la isla" de Aldous Huxley, se habla de un ave (no recuerdo si se comenta la especie) que se pasea por la isla diciendo a todo el mundo "aquí y ahora, muchachos", para que recuerden la importancia que tiene el instante presente, con todo lo que supone, desde nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestros actos, el entorno... todo lo que realmente ocurre en ese momento y que es lo que de verdad importa, pues aunque el pasado este tan vívido en la memoria y el futuro pueda parecer claro en la imaginación, nunca dejarán de ser un detalle más, entre muchos otros, de lo que supone y significa cada instante presente que vivamos.
Hay que aprovecharlo... para eso estamos aquí y ahora ;)

Un beso, quijota.

Mondina dijo...

“Aquí y ahora” es una buena fórmula. ¡Hay tantas pequeñas cosas e instantes por los que poder gozar serenamente! Creo que encontrar la medida justa en lo vivido es lo que nos puede aportar, además de sentir paz interior, sensación de haber vivido intensamente y satisfacción por haber aprovechado esta vida que no tiene camino de vuelta.

“Aquí y ahora” Allan. Un beso