Sin girarse hacia su amiga, le respondió:
- Siempre he vivido a oscuras, ya lo sabes... Me he acostumbrado a aceptar las cosas, tal y como me dicen que son aquellos que las ven muy claras, sin cuestionarme sobre cómo me gustaría que fueran... ¡Pero eso que me preguntas, lo veo muy claro! -Percibió un ligero movimiento de su acompañante, adivinando que sonreía.- Le he dado muchas vueltas y estoy segura de cómo deseo y quiero que sea aquel hombre especial que espero encontrar algún día.
- Dímelo, va...
- Para empezar, me gustaría que tuviera los ojos amarillos. Quiero que me mire y me haga sentir iluminada, algo parecido a lo que experimento cuando me tumbo al sol y su luz me calienta.
- ¡Qué mirada más cálida!
- Me gustan las personas que desprenden calor... En cambio, quisiera que tuviera los labios azules, del mismo color refrescante que el mar, y que los supiera mover como lo hacen las olas cuando me adentro, me rodean y me acarician...
- ¡Qué contraste!
- Quisiera que tuviera la piel verde, del mismo tono denso que el musgo, con aquel tacto de terciopelo fresco, suave, acogedor, que me invita a acercarme mucho, a olerlo, a tumbarme encima y dejarme llevar, sin tino, sin prisas y confiada...
- ¿Y qué más?
- El cabello, como la arena fina de la playa, de ese tono que llamáis dorado... Me gusta tanto notar como se hunden mis dedos, una y otra vez y jugar... Los dientes y su risa, los quiero enérgicos y entusiastas ¡muy naranjas! Su voz tiene que ser marrón, firme como la madera para decir palabras con fuerza... y con relieve, como la corteza de los troncos, para poder seguir la textura de los caminos que me abren sus palabras.
- ¡Si yo encontrara un hombre así, me quedaría atónita!
- Pues a mí me parece una combinación perfecta, muy atractiva.
- Siempre he vivido a oscuras, ya lo sabes... Me he acostumbrado a aceptar las cosas, tal y como me dicen que son aquellos que las ven muy claras, sin cuestionarme sobre cómo me gustaría que fueran... ¡Pero eso que me preguntas, lo veo muy claro! -Percibió un ligero movimiento de su acompañante, adivinando que sonreía.- Le he dado muchas vueltas y estoy segura de cómo deseo y quiero que sea aquel hombre especial que espero encontrar algún día.
- Dímelo, va...
- Para empezar, me gustaría que tuviera los ojos amarillos. Quiero que me mire y me haga sentir iluminada, algo parecido a lo que experimento cuando me tumbo al sol y su luz me calienta.
- ¡Qué mirada más cálida!
- Me gustan las personas que desprenden calor... En cambio, quisiera que tuviera los labios azules, del mismo color refrescante que el mar, y que los supiera mover como lo hacen las olas cuando me adentro, me rodean y me acarician...
- ¡Qué contraste!
- Quisiera que tuviera la piel verde, del mismo tono denso que el musgo, con aquel tacto de terciopelo fresco, suave, acogedor, que me invita a acercarme mucho, a olerlo, a tumbarme encima y dejarme llevar, sin tino, sin prisas y confiada...
- ¿Y qué más?
- El cabello, como la arena fina de la playa, de ese tono que llamáis dorado... Me gusta tanto notar como se hunden mis dedos, una y otra vez y jugar... Los dientes y su risa, los quiero enérgicos y entusiastas ¡muy naranjas! Su voz tiene que ser marrón, firme como la madera para decir palabras con fuerza... y con relieve, como la corteza de los troncos, para poder seguir la textura de los caminos que me abren sus palabras.
- ¡Si yo encontrara un hombre así, me quedaría atónita!
- Pues a mí me parece una combinación perfecta, muy atractiva.
-¡Ya veo que lo tienes claro!
- ¡Y tanto! Nacer ciega y crecer en medio de la oscuridad, no significa ignorar las sensaciones que me ofrecen los colores. Desde la oscuridad, los escucho atentamente saboreándolos, y escojo a los que mejor me pintan el amor.
- ¡Y tanto! Nacer ciega y crecer en medio de la oscuridad, no significa ignorar las sensaciones que me ofrecen los colores. Desde la oscuridad, los escucho atentamente saboreándolos, y escojo a los que mejor me pintan el amor.
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A oscuras,
los deseos se iluminan a veces con una especial claridad,
y se agudizan las sensaciones.
3 comentarios:
Original y divertido el cuento y la idea central muy poética. A veces no somos capaces de percibir el color y el calor que desprenden las personas que nos rodean, también tenemos que darnos cuenta del color que desprendemos nosotros mismos... y por otro lado, la chica del cuento encontraría a su hombre ideal viendo Avatar jaja (tenía que soltar el chiste y eso que no he visto la película) ¡Un abrazo!
Hola Allan. Que bueno eso que dices de poder desprender calor y color de nosotros mismo y percibirlo en los demás. Sería maravilloso!! jejejeje Yo creo que incluso, a veces, lo conseguimos ;)
Después de preguntarme como imaginará el color un invidente de nacimiento y pensar como se le puede definir un color concreto. Luego de mucho imaginar, me convencí de que solo por medio de sensaciones (sonido –música- y estímulos externos) se le podría comunicar un color al que es ciego. De ahí salió este pequeño relato o historia
También pensamos que quien sufre de ceguera siente o relaciona el color a través de sensaciones, tacto o vivencias. Si la chica del relato prefiere la piel de color verde es porque alguien le ha dicho que el musgo lo es y relaciona este color con la sensación que le transmite la yerba.
Pero analizándolo bien, uno acaba cavilando que no se pude describir un color a un ciego de nacimiento, ya que los colores no existen de por si, sino que son el reflejo de la luz sobre los objetos. Además cada vidente percibe el color de diferente manera.
Cristina Oyarzabal a partir de testimonios directos, muestra que “el ciego es capaz de reconstruir todo cuanto del espacio nos procura la visión”. Que la oscuridad, al menos como nosotros la imaginamos, no parece estar presente en el mundo de los ciegos. Y que una joven, ciega congénita, imagina personas rubias o morenas por el sonido de sus voces. Otra, ciega desde niña, sostiene que llamar oscuro a su mundo no es apropiado: ella ve “nada”, dice. Es una sensación, dice, imposible de explicar.
El neurobiólogo Juan Cuatrecasas (El hombre, animal óptico, Eudeba) define al hombre como un animal geométrico; sostiene que la función visual, la proyección de las imágenes, es el soporte de nuestro pensamiento; nuestra mentalidad se basa en la óptica. Y advierte que esta función también está presente en los ciegos. Respecto del ciego de nacimiento, sostiene que sólo carece de referentes externos tales como la visión de los colores, que es al fin y al cabo un hecho secundario, un fenómeno de matización de las imágenes que no resulta indispensable para su percepción. Y para imaginar no resulta necesaria la experiencia retiniana, ya que la elaboración de las imágenes es función de la más alta esfera sensorial óptica, autónoma con respecto al órgano de la visión.
Interesante elucubración! jejejej Un beso.
Vaya, es casi más interesante tu comentario que la entrada. Resulta curioso y complicado imaginarse cómo siente un ciego, ya no sólo visualmente, sino que como se suele decir que "tienen otros sentidos más desarrollados". con lo de la imaginación se entra en algo totalmente distinto, la forma en que diferencian formas, tamaños, texturas, imaginariamente, me resulta toda una proeza.
para bien o para mal los videntes dependemos de la vista, sin ella nos sentimos totalmente perdidos. A mí muchas veces me pasa que si me quedo totalmente a oscuras, tengo que concentrarme y casi convencerme de que no corro realmente peligro (la sensación dura unos instantes, no es que me den ataques de pavor) y al final acabo desplazándome de memoria por los caminos habituales de mi casa. Otra historia sería ir por la calle... En fin, me parece bastante interesante tu blog, espero que consigas más lectores y seguidores! ¡Un abrazo!
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