Mi superior -un hombre rechoncho y con gafas- me mostraba, en una habitación lóbrega y mal ventilada, el propósito de mi trabajo: archivar en solitario las interminables torres de papeles polvorientos que se agolpaban sobre las mesas y en los armarios. En ese instante me pregunté dos cosas: si había valido la pena estudiar tanto para despues convertirme en un funcionario de la Administración de Justicia, y si con el tiempo acabaría transformándome en un ser monótono y deprimente como el que tenía delante. Ajeno a mis pensamientos, el hombre acabó de hablar, se despidió de manera tosca y salió de la habitación lanzando un fuerte portazo.
En la soledad, miré a mi alrededor desorientado, perdido entre montañas de papeles. Empecé a revisar el montón más cercano, formado por decenas y decenas de causas para ajusticiar. Enseguida me di cuenta, consternado, que aunque viviera tres vidas nunca podría terminar de tramitar todos aquellos papeles que había en la habitación. Reparé que dentro del desbarajuste del papeleo había un cierto orden, por eso -movido por una sana curiosidad-, empecé a investigar desde cuando se habían ido acumulando todos aquellos informes en esa habitación. Mientras revolvía documentos sepultados por la polvareda y los ácaros, iba observando sorprendido como las fechas y la descomposición del papel ganaban en antigüedad, pero cuando verdaderamente me quedé de piedra, fue cuando encontré unos documentos traspapelados, que si hubieran salido a la luz, seguro que hubieran evitado que Jesucristo hubiera sido crucificado.
En la soledad, miré a mi alrededor desorientado, perdido entre montañas de papeles. Empecé a revisar el montón más cercano, formado por decenas y decenas de causas para ajusticiar. Enseguida me di cuenta, consternado, que aunque viviera tres vidas nunca podría terminar de tramitar todos aquellos papeles que había en la habitación. Reparé que dentro del desbarajuste del papeleo había un cierto orden, por eso -movido por una sana curiosidad-, empecé a investigar desde cuando se habían ido acumulando todos aquellos informes en esa habitación. Mientras revolvía documentos sepultados por la polvareda y los ácaros, iba observando sorprendido como las fechas y la descomposición del papel ganaban en antigüedad, pero cuando verdaderamente me quedé de piedra, fue cuando encontré unos documentos traspapelados, que si hubieran salido a la luz, seguro que hubieran evitado que Jesucristo hubiera sido crucificado.
.........................................
Dedicado a Pablo con cariño :) Besos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario