miércoles, 1 de junio de 2011

LA TRANSFORMACIÓN


Cuando, una mañana, Paul G. despertó de unos sueños inquietos, se encontró sobre la cama transformado en un ser monstruoso. El primer impulso fue devorar a su mujer: después de una vida de desengaños y peleas no convenía desaprovechar las garras que sobresalían de las puntas de sus dedos, ni aquellos colmillos afiladísimos que rasgaban  la carne con la eficiencia del cuchillo de un carnicero. De la mujer sólo quedaron los huesos más resistentes y un charco de un rojo oscuro que la alfombra apenas podía absorber. De postre no se pudo estar de tragarse de un bocado el ridículo caniche blanco, una mascota que siempre le había fastidiado.
Aún con la cola de la bestia a medio masticar, salió a visitar la vecina del rellano para aclarar viejos litigios. Si llamó al timbre fue por la convicción de que no se debe perder la compostura, incluso bajo la apariencia de monstruo. Pero por el movimiento furtivo de la mirilla adivinó que no le abrirían la puerta, así que tuvo que reventarla. La mujer llevaba el pelo repleto de rulos y pinzas. Que profiriera unos alaridos ensordecedores sólo espoleó a cumplir el trabajo con más eficacia. Pensó en esconder el cuerpo chimenea arriba, siguiendo el ejemplo ilustre de un clásico de la literatura, pero no lo logró. En la planta baja, de un mordisco se llevó la carótida de la malcarada portera: ¡ya no lo importunaría más con quejas y malas palabras!
No sin dificultad, se metió dentro del coche. De camino a la oficina decidió que aquel sería un día inolvidable: se enfrentaría al director de ventas y le haría pagar las humillaciones y escarnios sufridos durante tantos años. Se imaginaba como le arrancaría la cabeza y le daría multitud de furiosas patadas en el estómago. Pero quizá sería más conveniente deshacerse primero del 
impertinente conserje  y de alguno de sus compañeros fanfarrones.
Llegó al despacho puntual, como cada mañana. Acababa de conectar el ordenador cuando su secretaria le pasó la primera llamada: "Su esposa al teléfono, señor.".

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Llevo dos entradas plasmando, en mis microrelatos, una especie de humor ácido e irónico;
un humor negro con el que intento apaciguar esta rabia o enojo que sobrellevo desde hace unos días.
Si fuera tan sencillo acabar con lo que no nos gusta,
con todo lo que nos hace la vida imposible...
Ains!! - Saludos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Aunque suene a tópico, de todo se aprende... Aunque también es tópico y, a veces, bastante cierto... que tropezamos siempre con la misma piedra.
Ánimo! que todo pasa y se compensa.
Saludos!