
En un cántico lánguido, o en un llanto,
manas desnuda, infantada del cielo,
del todo desprendida,
desnuda, foránea a las leyes de los hombres.
Nunca nada te estorba
-Ni siquiera la piel
te sujeta, te contiene, te domina-
ni nada te ata;
y toda despellejada te cuelas,
te vacías, goteas, te derramas...,
avanzas y llegas íntegra,
disuelta y pura.
Al fin,
ni nada te ata;
y toda despellejada te cuelas,
te vacías, goteas, te derramas...,
avanzas y llegas íntegra,
disuelta y pura.
Al fin,
gota a gota te vacías en un charco de agua,
te inundas en ti misma,
te evaporas, te elevas,
resucitas, renaces…
resucitas, renaces…
y vuelves a manar
en llanto y cántico.
en llanto y cántico.
2 comentarios:
Pocas cosas hay tan hechizantes como el sonido, la visión y el tacto de la lluvia a través de las ventanas, las ventanas a nosotros mismos que son nuestros sentidos.
Muy bonito el poema. Saludos.
Agua que cae,
que llora,
que canta,
que transforma
acompaña
refresca
y calma…
Un viejo escrito anónimo dice: “La lluvia es el éxtasis del alma, enlace entre el cielo y la tierra”
Abrazos.
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