jueves, 26 de mayo de 2011

LA INCOMPETENCIA


Cuando el médico me comunicó, con pose compungida, que me quedaban tres meses de vida, pensé que algún incompetente había traspapelado los expedientes. Pocas cosas me molestan más que la ineptitud profesional, pero no quise discutir el dictamen del doctor, porque el corporativismo en estos casos se impone, y él nunca habría reconocido el error de un colega, aunque se tratara de la negligencia de un simple auxiliar. Así que, por no contradecirle, adopté la preceptiva actitud de preocupado, dirigiendo una mirada cómplice y comprensiva.
Pero desde aquel día encadené una sucesión de equívocos que corroboraban la mediocridad y la poca solvencia de muchos profesionales de la sanidad: análisis torpes que insistían con tozudez mi inminente “traspaso”, radiografías presuntamente alarmantes interpretadas sin rigor, y una medicación errónea que me provocaba unas punzadas molestas en un lado y que en pocos días impidieron levantarme de la cama. Me atendía una enfermera miserable que confundía pastillas y jarabes, y que me inyectaba sustancias que en lugar de aliviar el dolor, lo estimulaban y lo hacían más agudo. También mis familiares se comportaban manifestando incompetencia, sollozando y lamentándose todo el día, ignorando la evidencia del error.
Pero era difícil luchar solo contra tanta adversidad: al final me vi abocado en una muerte que no era la mía. Después sólo faltó que llevaran un féretro erróneo -lo habían encargado de madera de cedro y no de abedul-, que durante el discurso fúnebre, inadecuadamente lóbrego, el sacerdote confundiera los evangelios -atribuyendo a San Juan una célebre sentencia de San Mateo- y que los ineptos de la funeraria se equivocaran de nicho. Ahora sólo espero que por algún malentendido no acabe en el infierno, yo que he sido una persona eficaz y competente toda la vida.
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Jejejeje... Saludos.

jueves, 19 de mayo de 2011

“CREC-CREC-CATACREC”...

 

Los gemelos eran unos auténticos traviesos de ocho años, pero ahora iban silenciosamente agarrados de la mano de su madre, uno a cada lado.
Esperaron el autobús sin decir nada. Se miraban a la madre de reojo, para comprobar si el color rojo de sus mejillas ya no era tan intenso. Ella también callaba; pero mientras el ardor en el rostro le iba desapareciendo, una oculta sonrisa se iba apoderando de su voluntad. Cuando se percató por el rabillo del ojo, las miradas furtivas de sus hijos, le costó  no abandonarse a la más desenfrenada pasión de risa.
Subieron al 17, primero ellos, la madre justo detrás. Ni siquiera se pelearon para marcar los billetes. Los dos chiquillos se sentaron juntos, y ella se quedó de pie, a su vera, evitando mirarlos cara a cara. Las ganas de reír eran cada vez más intensas.
Aprovechó los 10 minutos de recorrido para recordar lo que acababa de pasar.
Aquel sábado había decidido ir a un concesionario, para comprar un coche nuevo. Hizo chocolate para los gemelos, que se levantaron contentos y traviesos, como siempre.
-¿Qué haremos hoy, mama? -Gritó Pablo, con los bigotes sucios de chocolate.
-¡Hoy, fiesta, niños! ¡Vamos a comprar un coche nuevo! - Dijo la madre.
-¡Ostras mama, compramos un Ferrari; porfa, de color rojo! -Dijo Andrés, secándose los dedos con una servilleta.
El Ferrari no era una opción, desgraciadamente, y Rosa decidió visitar un par de concesionarios de marcas nacionales, que se ajustarían mejor a su presupuesto.
Cerca de la una del mediodía, entraron a la casa Fugot, para ver si el modelo Classic F1 (el nombre gustaba mucho a los chicos) le podía gustar.
Los atendió un atractivo comercial. Tenía una sonrisa luminosa, y explotaba su sex-appeal con una exagerada verborrea con la que se centró en seducir a Rosa y endosarle uno de los automóviles de su prestigiosa marca.
Rosa, muy atenta al juego de seducción del vendedor, se distrajo de los gemelos durante unos instantes, que ellos aprovecharon para subirse a lo alto del coche más impresionante que lucía, brillante, ante el gran escaparate. Era el robusto Fugot Big Cross XCD423, un milagro de la tecnología.
-¡Bajaros inmediatamente de ahí!-Gritó Rosa asustada.
-No se preocupe-dijo el vendedor. -Las llaves no están dentro, y no pueden hacerse ningún daño.
-¿Seguro? No me gustaría que rompieran algo.
-Deje, deje, es un coche a prueba de chiquillos -dijo él, haciendo un guiño a los niños-. Mientras ellos se entretienen, déjeme que le enseñe el Classic F1. Como puede ver, su interior está especialmente diseñado para.... bla, bla, bla....
Cuando llevaba minuto y medio hablando sin parar de las maravillas del Classic F1, un leve pero sospechoso "crac" les hizo girar la cabeza en redondo.
Los gemelos, jugando a ser pilotos de Formula 1, habían soltado el freno de mano del Fugot Big Cross XCD423, y este fue deslizándose suavemente hasta tocar el cristal del escaparate.

Rosa, roja como un pimiento, y el vendedor, con la sonrisa congelada en la boca, vieron impertérritos como el cristal fue agrietandose poco a poco desde el lugar del pequeño y casi imperceptible impacto del coche hasta arriba de todo: primero verticalmente, y después ramificándose horizontalmente en un suave y dulce “crec-crec-catacrec”...
Ahora, una vez pasada la vergüenza del acto vandálico (e involuntario) de los niños, y convencida de que una aseguradora se haría cargo de la rotura, Rosa no pudo aguantar más y estalló en carcajadas ante los desconcertados ojos de sus hijos. Jajajajajajaja...

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¡Sonríe! Un día sin reírse es un día perdido.
Que tengáis un buen día.

(Especialment per l'Adrià, per ser el seu aniversari. 
Felicitats! un peto ben fort)

miércoles, 18 de mayo de 2011

NOSTALGIA

 

Como en un sueño, mis recuerdos se cuelan por entre las rendijas de la memoria  y dejan espacio a otras remembranzas intensas,  chispas de instantes concretos y palabras tiernas que se hundieron hasta donde preservo los tesoros más valiosos. 
Eras mi refugio, mi deseada calma; aquel amigo que barría mis incertidumbres y mis contradicciones, y que calmaba mis arrebatos. Y me enamoré de aquello que compartíamos y que era nuestro; de aquellas vibraciones que formaban una tierna sinfonía harmoniosa, ahora añorada. 
Hoy, los silencios se alzan como muros inalcanzables que ni siquiera nos permiten tocar con los dedos la sombra de lo que fue. Y la tristeza me invade cuando me doy cuenta que ni siquiera el cariño fue capaz de desgarrarnos los miedos y que, decepcionado y cansado, permitiera que nos columpiásemos cerca del abismo, sin presagiar la desgraciada caída al fondo del precipicio.

lunes, 16 de mayo de 2011

LA HISTORIA DE UN HOMBRE QUE NO QUERÍA PERDER EL TIEMPO




Yan Ovatarde detestaba perder el tiempo, así que siempre avanzaba el trabajo tanto como podía.
Empezó ya, en el día de su nacimiento. Se le esperaba parael15 de julio, pero decidió salir un mes antes para aprovechar toda la temporada estival.
Cuando tenía cinco meses de vida, ya hablaba. Todo el mundo insistía en que dijera "pa-pa" o "ma-ma", pero él era de talante práctico, así que habló justo en el momento en que tuvo algo importante que decir.
- "¡¡¡¡Ca-ca!!!!”-soltó una mañana, cansado de esperar que le cambiaran los pañales.
Yan en la guardería ya apuntaba maneras, y creció rápidamente. Enseguida comenzó a hacer letras y números, así que lo tuvieron que escolarizar antes de tiempo.
Decidió condensar su aprendizaje: no era cuestión de perder tiempo. Antes de los 20 hablaba tres idiomas, a los 25 se había sacado, además, dos carreras: arquitectura e ingeniería industrial. Rápidamente, se puso a trabajar para empezar a cotizar. El tiempo corría.
Su primer proyecto lo absorbió de tal manera, que no se dio cuenta del paso de los meses. En tres años, construyó el hotel más grande de la ciudad: cuatrocientas habitaciones de lujo y un diseño tan moderno, que su nombre como arquitecto se hizo famoso. Después diseñó un complejo deportivo;  le siguió un palacete por encargo de un millonario excéntrico, un centro comercial a las afueras de la ciudad y la remodelación de un barrio entero. Cuando se dio cuenta, habían pasado quince años y se asustó. ¡Con tantas cosas que tenía que hacer!
Los años siguientes experimentó y probó el puenting, el rafting y el surfing; se lanzó en paracaídas, subió en globo e hizo alpinismo extremo. Viajó, aprendió a pilotar avionetas y pequeños barcos, participó en carreras de motos por el desierto. Incluso se unió a una expedición de safari; pero aquellas actividades, a pesar de ser entretenidas, eran una pérdida de tiempo. 
Aunque había conocido las delicias de la erótica del poder, sus conocimientos del mundo del sexo no eran demasiado exhaustivos. Hizo pruebas con hombres y con mujeres, o con todos a la vez. ¡Demasiado trabajo para un placer tan corto! Los preliminares eran excesivos, así que, finalmente, sólo se ponía si la cosa iba rápido. No había tiempo ni para la seducción ni para enamoramiento.
Los cabellos de Yan empezaron a blanquear. Día tras día, casi desde que nació, había tenido la inquietud de aprovechar el tiempo, de quemarlo, de gastarlo sin pausa, sin tregua, sin parar de pensar, de producir, de evolucionar, de saber... Y he aquí que una mañana de noviembre, Yan se levantó extrañamente vacío. 
Con calma, sin correr, sin prisas, se sentó en un sillón. Su cabeza daba vueltas, sin un objetivo definido. Recordaba perfectamente todas las cosas que había hecho, y todas las que había descartado, por si necesitaba repescar alguna.
Poco a poco, Yan fue tomando conciencia de que estaba, deliberadamente, perdiendo el tiempo. Algo impensable que, curiosa y sorprendentemente, le hacía sentirse bien.
Abrió un libro que tenía en el estante de encima de la chimenea. Era un libro con ilustraciones, uno de esos llenos de fotografías bonitas que hablan de curiosidades. Entonces se dio cuenta que con su delirio porno perder tiempo... se le olvidó vivir.
Había cumplido ya los cincuenta años y se percató que había perdido infinidad de cosas por no estar parado ¡No había contemplado nunca la salida del sol! Ni había estado atento al vuelo de una abeja por entre un florido árbol, ni jamás se había sentado en el banco de un parque y ver como jugaban los niños; tampoco se había entretenido en hacer un sudoku, o un crucigrama, ni sabía lo que era disfrutar de una cerveza fresca, sentado en la terraza de un bar, viendo como pasaba la gente.
Pero es que ni siquiera, había observado detenidamente ante el espejo, las señales que el tiempo había ido dejando en su rostro.
Todo, por no parar.
Todo, por no perder el tiempo.

No os puedo contar el final de la historia, porque no la sé con certeza. Dicen, que Yan Ovatarde desapareció. 
Algunos piensan que vive en una cabaña, en una playa tropical, viendo salir el sol cada día.
Hay que piensan que marchó a Islandia, y que se dedica a pescar bacalaos y ver pasar los barcos por delante del faro que le sirve de casa.
Y hay quien dice que lleva años encerrado en casa, sentado en el sillón, pensando de qué manera podrá recuperar el tiempo que lleva pensando en cómo gastar lo que aún le queda...
Yo, no pienso perder el tiempo en averiguarlo.

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"El tiempo no existe"

El concepto tiempo, o lo que se ha venido entendiendo por tiempo, ha sido objeto de profundo estudio por parte del pensamiento de los hombres de todas las épocas.
- Para Aristóteles, "el tiempo no existe sin el cambio".
- Para San Agustín, "el tiempo no existe, y es sólo una propiedad específica del universo".
- Leibniz consideraba que, tanto el espacio como el tiempo son relativos, y lo único absoluto son nuestras experiencias sobre la relación entre los objetos, tanto espacial como temporal.
- Según Kant, el tiempo no existe como una realidad en sí exterior a nosotros, ni como algo que tienen las cosas en movimiento, sino como una manera de percibir propia del hombre. El tiempo existe en cada uno de nosotros como una forma de ordenar nuestra experiencia interna.
- En el mismo sentido, Schopenhauer afirma que “nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro: el presente es la forma de toda vida”.
- Einstein decía que “Para nosotros, físicos convencidos, el pasado, presente y futuro, solo son ilusiones, aunque se trata de ilusiones muy verídicas”. La relatividad implica un tiempo relativo a la masa y a la energía, nunca absoluto.
Y algunos más.
Os invito a ver este video del interesante programa televisivo “Redes”, presentado por Eduardo Punset, donde el físico y escritor Julian Barbour  afirma que “ El Tiempo NO Existe”

 

martes, 10 de mayo de 2011

DE LEJOS SE OYE UNA CANCIÓN TRISTE


De pieles ausentes rellenamos poemas
 
y cantos silentes en noches de luna llena.
 
Breve desconcierto, al límite de la pena,
 
un llanto insistente por una vida ajena.

 

Tiras de hielo glaciar se precipitan
 
indiferentes al frío muro que agoniza
 
empujado por el viento de una atmósfera imprevista.

sábado, 23 de abril de 2011

¿ÁRBOL, SERPIENTE O LIBÉLULA?

Mientras, me estoy preguntando qué soy. 
No lo sé todavía;
dudo entre árbol, serpiente o libélula.

Mi cuaderno de notas se revela y me incita a establecer, vanamente, alguna hipótesis. A plantearme dudas sobre lo establecido... Durante el tiempo en que, sobre los senderos de mi tierra agrietada, sigo los vestigios de unos pasos que se alejan; de unos rastros que aún humean por el aguacero pasado. Pongamos por ejemplo que escucho un silencio mendigo. Benigno. Una especie de felicidad objetiva, encaramándose hacia mí casa; trescientos metros más allá, elevada entre el límite del mar y el viento del Norte; refugio de las aves, de los lagartos, de mariposas y de pensamientos. Es el cobijo del deseo y el útero del exilio. Al fondo, los reflejos del mirador van forjando miradas lascivas y miradas expectantes. Ante mí, las aguas encrespadas ejercen su tiranía borrando las huellas...
Hay casas que se enraízan, suspendidas en el aire, y que acumulan un enorme montón de objetos inverosímiles e inútiles. Son casas con raíces aéreas que van trepando, mientras los días pasan; y que suben al ápice en dirección a las nebulosas y a despecho de los dioses. Hay casas adosadas como castillos inexpugnables que se alzan intemporales formando parte del paisaje, como víboras de hormigón, decorando las montañas y unos cielos frágiles. Otras que se zambullen en el agua, haciendo piruetas sobre lo insólito. Algunas, incluso, se reflejan en la niebla. Y casas vacías, que tienen la virtud de despertar los sueños. El vacío de una casa, es una propiedad paradójica de la plenitud, con alma sin piel y una piel sin alma: el abrigo de la nada y de la paradoja.
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Tarde o temprano nos enteramos de las cosas que pasan, de las cosas que queremos, de la casa que tenemos... Y escribimos para que nuestros pensamientos no se pierdan para siempre. Pues no se puede hacer de otro modo si se quiere "conservar el tiempo": nuestro universo particular, intimista, visto a través del objetivo de una memoria imperfecta.
Pero siempre estamos, en casa, mirándonos. Nos levantamos y tanteamos los días, mientras escribimos con humo las paredes. Y aún dudamos entre crujiente de huevo con puré de sobrasada y miel de caviar de trucha y foie a la plancha, con piña caramelizada con reducción de Oporto o en desvelarnos y admitir que somos metáfora del vacío.

sábado, 16 de abril de 2011

LA DEDICATORIA

 

Justiniano pasaba todos los ratos libres que tenía en las librerías. Allí se sentía a gusto por satisfacer su necesidad: leer atentamente los títulos de los libros expuestos y las reseñas correspondientes. Era como una manía que arrastraba desde hacía un tiempo. La época de lector empedernido quedaba atrás; ahora, se dedicaba a escribir por las noches. De día se alimentaba hojeando libros y acaparando ideas con sólo leer la inmensidad de títulos que tenía a su alcance. Tan sólo respiraba libros y despreciaba el contacto humano.
Un día, Martina, la vendedora de la librería que más frecuentaba Justiniano no pudo resistir su curiosidad y le dijo:
- ¡Perdone, señor! hace un tiempo que lo observo y veo que le gusta pasar largos ratos tomando nota de los títulos de los libros. ¿Quizás necesita alguna ayuda?
Justiniano, ni se había dado cuenta de que la joven trabajaba en aquella librería, ni tampoco era consciente del tiempo que empleaba tomando notas. Estaba tan ensimismado que parecía ajeno a toda realidad. De entrada se extrañó ante aquella pregunta tan directa, pero al cabo de unos segundos intentó reaccionar para salir del mal trance que estaba pasando. Justiniano llevaba mucho tiempo sin hablar con nadie por mantenerse encerrado en su mundo imaginario. De pequeño leía libros de ciencia-ficción y aún seguía cavilando sobre la misma temática. A pesar de la edad, que debería rozar los setenta, y su aspecto desangelado, se le veía despistado e inocente. Acostumbrado a no hablar apenas con nadie y expresándose nervioso, responder a Martina le supuso un cierto esfuerzo. Sabía que no había que dar ninguna explicación sobre sus actos pero se dispuso a contestar aquella chica tan amable.
- Mire, es que vengo a inspirarme para encontrar un título a la novela que acabo de escribir. Me ha costado unos años terminarla y ya he cambiado el título infinidad de veces. ¡Bueno! varias veces.
-Pues, no se preocupe. Tengo una idea: usted me deja su original para leerlo en casa y yo le sugiero algún título. ¿Qué le parece?
Justiniano no salía de su asombro al comprobar la amabilidad de Martina. No sabía qué contestar. Era una situación desconocida y un poco incómoda. Finalmente, ante aquellos ojos divinos que esperaban una respuesta reaccionó.
- Pienso que ya no hace falta que le deje mi original; de todas formas le agradezco su interés. Muchas gracias señorita Martina (Acababa de leer su nombre en la tarjeta que colgaba del pecho izquierdo) Esta situación dejó a la joven sorprendida. 
Pasó el tiempo, y  aquel hombre nunca más  pasó por la librería. Martina,  sin saber por qué, se mostraba cada día más preocupada. Pero de repente un día vio una partida de libros con la foto de aquel personaje tan misterioso. ¡Era él! Empezó a leer el libro por su título: "Ojos negros" Y sin poderlo evitar, se emocionó cuando leyó la dedicatoria: "A Martina, con todo mi agradecimiento. Justiniano"

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Amabilidad. Es difícil ser amable, más que inteligente. La inteligencia es un don y la amabilidad es una elección. Los dones son mucho más fáciles, al fin y al cabo, nos vienen dados. Las elecciones pueden ser mucho más difíciles. Uno mismo puede seducirse con sus dones si no va con cuidado, y si lo hace, probablemente será en detrimento de sus elecciones.

En el diccionario, la amabilidad la define como “calidad de amable”; y una persona amable: como la que “por su actitud afable, complaciente y afectuosa es digna de ser amada”.
La amabilidad es la manera más sencilla, delicada y tierna de hacer realidad un amor maduro y universal, libre de exclusivismos. Ese amor que dice: “te necesito porque te amo” y no “te amo porque te necesito”. Es entonces cuando la amabilidad se convierte en una constante, porque el comportarse de manera complaciente y afectuosa con los demás y sentir su felicidad es lo mismo que sentir la propia alegría compartida. La amabilidad es un claro exponente de madurez y de grandeza de espíritu.

Mi convicción, es que son pocos los rasgos de nuestro carácter que cambian con los años, en todo caso, son sólo las ideologías, los gustos y algún rasgo de la escala de valores que pueden sufrir variaciones con el tiempo.
La amabilidad es uno de esos valores que se ve de diferente manera según la etapa de la vida. A los veinte, treinta, e incluso cuarenta, la presencia de la amabilidad se suele tener "arrinconadilla"; uno se fija más en la apariencia externa de los otros, en sus habilidades, en su simpatía, inteligencia o talento para hacer una determinada actividad. Una vez has llegado a la madurez, que para mí está por encima de los cuarenta, sí hay un reconocimiento explícito de esta característica. Todos podemos ser «amables» en ocasiones y por diversos y hasta oscuros fines, pero no es a esta «amabilidad» de conveniencia a la que me refiero, sino a la amabilidad como «valor», como disponibilidad permanente, libremente asumida y ejercida

 La amabilidad aligera, calma miedos y dolores.
La amabilidad humaniza, aproxima y da confianza.
La amabilidad es un lenguaje que:
el ciego ve; el sordo oye;
el que sufre espera y necesita;
y los ignorantes entienden.

miércoles, 13 de abril de 2011

CON LO LINDA QUE ES LA VIDA!!... EN QUE LA HABÉIS CONVERTÍO!!!

 
 
Ojos de Brujo es un proyecto que nació en Barcelona en 1996 después de reunirse en jam sessions con varios músicos de la escena del momento. El grupo combina  el flamenco y la rumba catalana con el hip-hop en un sonido que ellos llaman "Flamenkillo". El vídeo fue premiado, con el 2º Premio, en el 1r. Festival de Videoclips Independientes de L’Hospitalet.

Fue durante estas sesiones que conforman las canciones de su álbum debut, Vengue, en 1999. Se publica, además de España, en otros países como Bélgica, Holanda, Francia, Italia y Alemania, su promoción en festivales de toda Europa. El boca a boca juega un papel vital en la difusión del disco, del que se vendieron cuarenta mil ejemplares, de los cuales veinte mil en los primeros ocho meses de su lanzamiento.
En 2001 rompió su contrato con su compañía discográfica Edel, decidió autogestionarse y empezar la gira Abriendo Puertas en toda España. El álbum, BARI,  fue lanzado en 2002, y producido por La Fábrica de Colores: un sello que los mismos músicos crean y gestionan la producción y edición de su propio trabajo. Este disco será la señal para su salida definitiva en el plano internacional y dará lugar a la gira de promoción de festivales en México, Canadá, Japón, Colombia, Marruecos, Hungría, Francia, Alemania, Holanda e Italia entre otros países.
 

TIEMPO DE SOLEA
Rodeá de tanta gente y yo me siento tan sola
Mi corazón es como una bomba pum pum!!! Una bomba
De relojería fina a punto de estallar
Extranjera y con papela caducá
No hay son ni guaguancó que me consuele
El tiempo es de soleá y a mi me duele
Voy por la calle y escuchando los quejíos
El futuro en cada esquina pende de un hilo
Y entre apretones de manos se juegan el destino
De la tierra y de los seres que en ella vivimos
No conocen el respeto, les sigue un oscuro sino
Con lo linda que es la vida!! En que la habéis convertío!!!
La situación tiene danger, mucho danger
Siempre prisa por llegar a ninguna parte
La situación tiene danger, mucho danger, mucho danger!!!
Por la calle balas perdías, ¡críos y crías van!
Equilibrio en la cuerda floja, ¡se me para la vida!
De ver tanto sufrimiento, de ver tanto delirio
A mi me quita el sentío, voy con el pecho partío
No hay son ni guaguancó que me consuele
El tiempo es de soleá y a mi me duele
Voy por la calle y escuchando los quejíos
El futuro en cada esquina pende de un hilo...
Detrás de las cuatro paredes por el callejón de atrás
Soleás y martinetes las cartas están marcás
Detrás de las cuatro paredes por el callejón de atrás
Tiros y tiros van!! Tiros y tiros van!! Van!!
Aquí un poquillo de jiphip flamenquillo
Pa toas las quillas, pa tós los quillos
Aquí un poquillo de jiphop flamenquillo
Pa que te metas por la vena cosa rica chica sí!!!

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jueves, 7 de abril de 2011

CANTO DE AÑORANZA

 
Aunque solo fuese
para ver la claridad de tus ojos mirando al mar.
Aunque solo fuese
para sentir el roce de tu presencia.
Aunque solo fuese
  para decirnos de nuevo adiós, serenamente.

Aunque solo fuese
por el suave deslizar de un tiempo perdido a tu lado.
Aunque solo fuese
para recorrer juntas el bello jardín de tu pasado.
Aunque solo fuese
para que sintieses cómo te añoro.
Aunque solo fuese
para reír juntas la muerte.

Aunque solo fuese
para decirnos de nuevo adiós, serenamente.
Aunque solo fuese
para que sintieses cómo te añoro.
Aunque solo fuese
para reír juntas la muerte.

(A mi madre)

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Fantástica canción de Luis Llach, acompañado de Maria del Mar Bonet y Marina Rosell.

domingo, 3 de abril de 2011

EL CUADRO

  
Aquel cuadro iluminado, colgado en la parte central de una inmensa pared pintada de negro de aquella galería de moda, no era la única obra de esa exposición, pero si la de mayor formato, la más conocida y la que sobresalía del resto. Su autor, una firma ya reconocida, era un buen reclamo para persuadir la atención de unos hipotéticos compradores y los críticos de arte y representantes de los medios de comunicación escrita y audiovisual.
La inauguración, se inició con unas palabras protocolarias de presentación del artista y el agradecimiento de éste a los asistentes. Seguidamente, el vernissage transcurrió  tal y como se había previsto: mucha gente, muy diversa y, como suele ser habitual, cuantiosa hipocresía verbal y abundante petulancia.
Poco a poco se fueron formando grupitos reducidos: unos mirando y comentando las obras expuestas, otros en torno a las mesitas eligiendo y comiendo, la mayoría con discreción, aquellas delicatessen del aperitivo; otros asediaban al autor para saludarle, felicitarle -como establece el protocolo no escrito de este tipo de actos sociales- y expresarle su opinión, siempre elogiosa, claro. Todos, son los más entendidos, los más expertos, los que pontifican… pero siempre, con una mano ocupada en sostener la copa de cava, haciendo un traguito de vez en cuando como marcando el tempo de la conversación.
El cuadro, inmenso, era una superficie monocromática resultante de una mezcla entre un "rose portrait" y un "jaune lumière", con un tratamiento plano de la pintura, sin matices, sin formas, sin manchas. Liso y casi inmaculado. Había, sin embargo, una minúscula mácula situada en el lado izquierdo (mirando la obra), al lado de la escuadra a la parte de abajo. Una sola palabra manuscrita en negro: "iluso"
Lógicamente, la palabra y la obra en general, fueron objeto de todo tipo de comentarios y de un montón de suposiciones e interpretaciones por parte de las preclaras mentes allí presentes. Que si quería simbolizar esto o aquello... Que si era una metáfora sobre no se sabe bien de que... Cualquier opinión adquiría enseguida una dimensión filosófica o, incluso, bordeaba la metafísica. Porque, como ya es sabido, hay una general predisposición a hacer difícil lo fácil. La sencillez y la simplicidad no son conceptos con valor añadido. Por costumbre, hay que complicarlo todo para que algunos prohombres puedan lucirse jactándose de su pretendida cultura y sabiduría.
El autor, sonreía con disimulada ironía; lo hacía como suelen hacerlo los políticos, ni confirmaba ni desmentía. Sonreía por lo que oía decir y comentar, pero sobre todo, sonreía pensando: "¡Ilusos!..."

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Este, es el puro reflejo de algunos de los actos inaugurales
a los que acostumbro asistir y en donde, a menudo,
se suele ver mucho más de lo que el autor ha pretendido mostrar.
(Cuando una exposición realmente me interesa, vuelvo otro día)
Después de unos días de ausencia,
he querido escribir este sencillo microrrelato
y mandaros un saludo. Un abrazo.

sábado, 26 de marzo de 2011

EL PASEO

 

Al levantarme esta mañana he abierto la ventana y he sonreído sin querer. He notado inquietarse mis sentidos, y la necesidad de elevar hasta la cima de la montaña mis emociones como si quisiera agarrarme a la esperanza. Pero al salir de casa, no elegí el camino que me elevaba hasta su cumbre, sino todo lo contrario.
Me encaminé por una vereda de mirtos, honda y silenciosa. Parecía el camino ideal que, entre los frescos aromas desprendidos por el roce de mis pies con las humildes yerbas escondidas como virtudes, convidaba a la meditación y al olvido. Solo llegaba hasta mí, sofocado y continuo, el rumor de la fuente sepultada entre el verde perenne de los bojes como si una vibración misteriosa surgiera de aquel entorno natural solitario.

Seguí andando bajo los árboles que dejaban caer de su cima un velo de sombra hasta llegar al río; allí me senté. -Cuando me siento cansada o siento los párpados una aridez febril o noto los pensamientos enroscados y dormidos dentro de mí como reptiles, suelo sentarme junto a él. Me hipnotizo sin quererlo y dejo que mis pensamientos despierten y corran sueltos, silenciosos, indecisos; ¡Locuras gentiles y fugaces que me han hecho, sin duda, suspirar y sonreír hasta ahora!-
De regreso seguí un sendero orillado por frondosas encinas; el aire era fragante y el más leve soplo bastaba para levantar del suelo las hojas marchitas; me senté sobre la yerba para observar de lejos mi casa pero me encandilé viendo como lentamente, ligeras nubes blancas erraban en torno al sol como si estas lo siguieran en su curso fantástico y vagabundo. Empujadas por un soplo invisible lo fueron cubriendo poco a poco, hasta que mi entorno quedó sumido en sombras; solo la cima de los árboles quedó iluminada.

Un hombre extraño pasó y solamente me ofreció un trozo fino de su voz -Buenos días-; me hubiera gustado que… pero ya estaba lejos. Siempre llegamos tarde; con la vida al rojo vivo, van pasando, van callando y quizás van viviendo o muriendo, los extraños, los que son partes pequeñas de aquello lindante o punzante: la gente.

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Este paseo se lo regalé a mi amigo Pablo;
un paseo puramente contemplativo,
un estado espiritual que aparece cuando se practica una especie de silencio mental.

viernes, 25 de marzo de 2011

EL MAPA DE LA VIDA

 
 
Ella se plantó ante aquel espejo sin escrúpulos para contemplar el reflejo que le devolvía la recién llegada edad. Se acercó más y estudió detenidamente las facciones un tanto decaídas por el paso de los años. Cada arruga de la cara representaba una vivencia que confería el mapa de su vida.
Analizó los surcos de la frente labrados a base de contundencia expresiva. El valle del entrecejo se formó a base de desvelos universitarios, llantos de bebé a horas intempestivas y algún disgusto conyugal.
Los afluentes que desembocaban en los ojos reviven gracias a las risas con que amigos y familia los habían desbordado. Aunque algunas lagrimitas huidizas los habían utilizado de acequia ocasional.
Varios senderos alrededor de las comisuras de los labios pululaban nutridos por sonrisas de todo tipo. Sobre todo por los chistes de su ex. Algunos de ellos reídos de manera sincera y otros sólo para complacerle el ego. Eran también las arrugas más traviesas, las que con más fuerza chillaban al calor de las charlas de café y el jadeo de las noches orgásmicas...
El cirujano interrumpió el autoanálisis facial que, embobada, estaba llevando a cabo en la sala de espera. Era su turno. Ella se volvió y contempló el rostro estirado del médico, descubriendo asombrada un parecido convertido en un libro en blanco. Una llanura yerma donde ni la mala yerba se atrevería crecer. Un rostro más parecido a un muñeco fallero que clamaba incineración que al de una persona con una vida sobre los hombros. De repente, ella, se disculpó amablemente del médico y salió a la calle dispuesta a ganarse orgullosamente otra arruga más para su madurez.

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La  juventud es como la primavera:
una estación sobrevalorada,
en la que abundan mas los vientos cortantes
que las brisas templadas.

El otoño es la estación de la madurez;
lo que perdemos en flores,
lo ganamos con creces en frutos.


lunes, 21 de marzo de 2011

POESÍA


¡Pobre poesía!
Si escribo sentimientos,
se pierden las rimas;
si busco
- aficionado poeta -
la rima,
se pierden los sentimientos;
si calculo
- fósil poeta -
la métrica,
desecho
palabras que tienen vida;
si busco
- presuntuoso poeta -
la belleza del traje,
pierdo el alma
de la poesía;
si rompo esta cárcel
- cautivo poeta -
dirán que mis versos
son prosa prostituida;
Dejaré en el baúl
de la poesía fácil:
la rima, la métrica
y el vestido llamativo;
y te hablaré
- desnudo poeta -
libre de ataduras, libre como tú,
olvidando versos y estrofas,
ignorando que escribo poesía
y te diré,
aunque no rime,
- enamorado poeta -
que no estás conmigo, sino en mí,
que no me acompañas, sino que te llevo dentro,
que no estás a mi lado, sino dentro de mí,
que ... ¡TE QUIERO!
- ¡feliz poeta! -

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Hoy, por ser el Día Mundial de la Poesía, os quiero regalar la voz
del gran Vittorio Gasmann recitando este triste poema de Cesare Pavese. 


Verrà la morte e avrà i tuoi occhi,
questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,

sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo.
I tuoi occhi
saranno una vana parola,

un grido taciuto, un silenzio.
Così li vedi ogni mattina

quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.  
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
 
Scenderemo nel gorgo muti.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña
del amanecer al ocaso, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento,
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando te miras solo
en el espejo. Oh querida esperanza,
ese día también nosotros sabremos
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
y ver en el espejo
emerger un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Descenderemos hacia el abismo mudos.